Los que vinieron de lejos
Fredy Aníbal Maturano (45) es de Ledesma, Jujuy y comparte la vida con Mónica Rojas (42). Llegaron a Derqui en el 2000 con sus hijos y un puñado de sueños.
Por V.H.K.
El barrio se ilusiona, pone manos a la obra, abre las puertas de las casas para compartir la mesa y el pan.
“Queremos llegar a ser un Centro Comunitario, comenzamos con un merendero y ahora tenemos nuestra propia murga, Los Defensores del Triángulo”, dice Fredy con dignidad en la mirada y humildad en las palabras.
“Para uno que ha vivido en la calle este sueño es muy importante, cuento con el apoyo de mi familia conformada por mi esposa Mónica y 6 hijos”, afirma.
El proyecto se llama “Miguitas de pan”.
“No tenemos apoyo de nadie, acá todos los días hay pibes y siempre hay un plato de más para compartir”.
Junto a los suyos, Fredy repasa el día en que decidieron formar la murga.
“Juntamos los aguinaldos y vacaciones con mi hijo Jonathan y compramos los bombos y redoblantes, así arrancó la murga, gastamos $ 5.000”, sonríen mientras el mate pasa de mano en mano.
“Yo no tengo mucho pero lo poco que tengo se comparte”, dice Jonathan de 22 años. Estandarte y legado, orgullo y dignidad. Hace poco fue papá y, según cuenta, su hijito Felipe nació murguero.
“La murga te ayuda con los problemas, juntarnos a tocar en el barrio nos hace bien, sobre todo verles la cara a los más chiquitos, su felicidad te llena, está bueno”.
Realidades, suavidades del tiempo hostil, formas de encuentro.
“En medio del lío llegamos a Derqui, en el 2000; nos encantó el verde, enseguida se empezó a llenar de pibes la casa. Yo siempre traigo facturas, con mi hijo somos pasteleros, trabajamos en Dulce Pilar, los dueños saben del laburo que hacemos y siempre colaboran”, dice Fredy.
“Acá uno tiene que escuchar, ponerle el hombro, hay muchos pibes sin proyectos, no saben qué hacer, se meten con las drogas y vos les preguntás: ‘¿Por qué te drogás?’, ‘Y no sé, porque me olvido’. No hace falta eso, hace falta un amigo, hablar: ‘¿Cuál es tu problema, una mujer? Bueno, vemos cómo se puede hablar con esa chica, no seré un mujeriego pero…’, a lo mejor como adulto uno le puede explicar cómo tratarlas, viste hoy en día cómo se tratan, acá adentro hablamos bien, sin insultos”.
Fredy es descendiente directo de pueblos originarios. Llegó de Ledesma directo a San Martín, Buenos Aires. Después del dolor vino el amor, los hijos, el encuentro con la fe, Derqui, el merendero, la murga, el centro comunitario y los sueños.
Sueños tan personales que abrazan a todos.
















