“Nací en un teatro”

Maia Zaballa y el camino autogestivo de una artista que prefiere reír a llorar.

Hace 24 años Maia llegaba a este mundo. Casi casi nace sobre las tablas del primer centro cultural de Castelar, Living Teatro, fundado por sus padres, Ciela Asad y Daniel Zaballa. ¿Habrá llorado Maia en su primer respiro? Tal vez haya sido una risa lo que explotó en sus ojos curiosos.

Su niñez bailó y cantó con madre, padre, hermano, abuelos, primos. Familia de actores y músicos que colmaban las horas de las reuniones familiares de canciones y disfraces en medio de los cumpleaños. La sonrisa se fue agrandando en el rostro de Maia que tomó las primeras clases de actuación de la mano de Ciela. Después, se fue independizando y estudiando en otros lados. Y sin embargo, siempre se quedó entre el verde de las plazas y el cielo azul de Castelar y sus veredas sembradas de tilos.

“Es un punto medio entre los árboles y el cemento puro. Me gustaría en algún momento hacer un cambio. Conocer otros lugares. Me encanta que en el Oeste se arme un círculo de lo familiar, no necesariamente de sangre. Me siento en mi hogar. Lo malo es que te conocés con todos y tiene un techo, para seguir creciendo artísticamente tenés que salir, ir a otros lados. Si el mundo es un pañuelo, Castelar ni te cuento.”

Estudió la carrera de formación actoral, concurrió a seminarios, talleres (de clown, teatro musical, máscaras). “Un poco de todo para ir nutriéndome. Clown es con lo que más me identifico. Tal vez porque lo tuve muy cercano siempre por mi viejo, que es payaso más clásico, de circo, y me fue llevando por ahí. Estoy en Piierrock con él, de corista y payasa.”

“Hay que moverse todo el tiempo. El laburo del artista es muy autogestivo: sos actor, sos manager, vestuarista… una cuestión puramente económica porque si tenés plata, contratás a todos. Tengo la suerte de laburar en lo que me gusta, nunca tuve otros trabajos.”

Por ejemplo, con Lucía Adorati hacen teatro para chicos en Vidamí, un centro cultural sobre la calle Zapiola; están armando un elenco con los chicos que concurrieron el año pasado. “El teatro ayuda a los niños a encontrar un espacio de libertad y creación en el que no hay límites, hacen lo que sienten y necesitan al crear un personaje.”

 También tiene un unipersonal para chicos, Felipe amor y circo, y el dúo Suripantas, de humor y música, con Lucía Méndez, amigas desde que nacieron.

Por otro lado, a Maia le encanta organizar fiestas para que la gente la pase bien. “Unza Unza, Producciones Artísticos (también en conjunto con Lucía Adorati), es una productora con la que armamos personajes para recepciones, organizamos varietés, eventos, animaciones de cumpleaños.”

“En mi familia siempre vivieron de esto. La verdad nunca le tuve miedo. Sacás un espectáculo de la galera, vas a una plaza y los hacés. Me preocupa que se esté cayendo todo, está más complicado. Desde ya siempre fue difícil llevar a la gente al teatro, ahora más todavía. Se puso de moda la gorra y es una contradicción porque puede ir gente que no tiene plata para pagar una entrada, pero a la vez está bueno que el artista cobre un sueldo, que sepa que cada función se lleva una cantidad de dinero. Las cosas más copadas se arman siempre desde los artistas de autogestión. En las varietés, por ejemplo, conocés a otros artistas y a partir de eso se va armando una red muy linda, después te invitan a otros lugares.”

La risa ocupa toda su cara. Si le dan a elegir, reír y hacer reír es su forma de expresarse. “Creo que no me encuentro con el drama. Siento que lo hago mal. Están buenos los desafíos, pero en general siempre armo cosas para que la gente se ría.”

“Por muchos años fui la hija de Daniel y la hija de Ciela… hace dos años pude empezar a separar y comenzar mi recorrido individual, por más que yo estoy orgullosísima de mis viejos y me encanta laburar con ellos. Todo lo que aprendí de la autogestión, lo aprendí de ellos. La enseñanza más linda que me dejaron es que se puede vivir de esto, ir por este camino.”

por Noelia Venier

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