Payamédicos: la sonrisa es salud

Los sábados por la mañana la Maternidad Meisner recibe la grata visita de un grupo de profesionales de la risa.

La rutina del Hospital Meisner sufre una alteración cada mañana de sábado. Desde el 18 de octubre del 2014 Florencia Peirano, Agustina Nicoletti, Celeste Acuña, Micaela Ibarra, Myrian Delfino, Cristian Batalla y Daniela Silbergeith se transforman en Payamédicos para hacer más llevadera la estadía de las madres, los niños y los bebés internados en el lugar.
Este grupo de jóvenes que se formó en el Hospital Pediátrico Federico Falcón ubicado en Del Viso coincide en qué no hay un motivo certero que los llevó a comenzar a realizar esta actividad. Nadie puede decir el porqué, pero todos subrayan que la recompensa que reciben en cada visita paga cada hora invertida en el curso.

“Así hables con una persona o con muchas. Si lográs que pasen un buen momento, ya estás hecho. El hecho de hacer sonreír a alguien te llena el alma.”

La buena química entre ellos se observa en cada acto, las risas antes de cada respuesta son inevitables. La alegría que transmiten la llevan incorporada en su actuar cotidiano. Agustina Nicoletti pone en palabras ese entusiasmo.

“Mis compañeros y yo esperamos que llegue el sábado. Nos gusta hacer lo que hacemos. El esfuerzo que cada uno hace por estar acá es enorme. Pero con lo que se recibe de la gente nos sentimos recompensados.”

Fue difícil encontrar el lugar para poder trabajar. No todos los hospitales les abren las puertas a estos personajes. Fueron muchos los rechazos que recibió el grupo antes de poder llevar su arte al Hospital Meisner que al ser una maternidad presenta un desafío diferente.
Florencia Peirano cuenta cómo llevan adelante esta particular tarea.

“No fue fácil para nosotros. La realidad es que el encontrarte con mamás, nenes y bebés fue raro. Es un escenario distinto al de otros hospitales. Para nosotros fue sorpresivo. Sin embargo, con el tiempo, logramos una gran convivencia con todos. Inclusive algunas madres nos esperan. Eso es gratificante.”

El reloj marca las once treinta y ellos recuerdan que deben cambiarse la ropa para empezar con la rutina. Ya no quieren hablar. Tienen cosas más importantes que hacer. No quieren hacer esperar a la gente que los necesita. Para hacer algo que parece trivial pero no por eso es menos importante: sonreír.

por Lucho Gómez

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