Cuando el barrio saca la mesa a la vereda, cuando nos juntamos y nos hacemos del tiempo para sacar la mesa a la vereda, es un renacimiento.
Es la resurrección de la infancia.
Y en esa ronda donde se habla de quienes faltan con honra, donde se acompaña en silencio alguna cosa mala, donde se ríe a carcajadas la vida y en la quietud del barrio cantan los ecos del ayer y del mañana, se produce algo del orden de los redimidos.
Porque la historia se teje entre quienes nos criamos.
Y eso, queridas y queridos lectores, no falla en Derqui.
Es ley de acá entender que encontrarnos y hacer lo imposible para que acontezca la cofradía, produce ese soplo de vida, esa energía vital para seguir adelante cruzando por los caminos de las derrotas y los triunfos con el barrio en la mirada.







