El cambio de siglo trajo aparejado un número interesante de modificaciones planetarias que avanzaron en su proceso evolutivo siguiendo una trayectoria exponencial.
por Abel Maciel
Tal como si hubiera detonado una bomba programada desde diferentes coordenadas espacio-temporales hicieron explosión, al unísono, situaciones, en apariencia heterogénea que, a todas luces, indican un verdadero cambio socio-cultural en el orden mundial.
Antiguas culturas, milenarias en su desarrollo, habían predicho en sus considerandos filosóficos esta situación que en nuestros tiempos nos incita al asombro y a la preocupación en el resultado de su devenir: enmarcadas en la visión mística postularon importantes cambios en el fin de milenio.

De acuerdo a las vivencias de estos tiempos, de una u otra manera, cada una de ellas han acertado en sus pronósticos. A esta sucesión de modificaciones cataclísmicas le debemos adicionar la evolución tecnológica acaecida en los últimos trecientos años. Ha sido patrocinada por el avance de la ciencia materialista y su aceleración en la actual centuria merced al avance del modelo atómico cuántico.
El decurso histórico nos enseña la secuencia de una serie de Eras en la evolución social, cultural y organización política. Según la visión psico-social, una serie de Paradigmas fueron sucediéndose en el Magma de Representaciones Psíquicas. Definimos a este espacio como un colectivo de naturaleza abstracta donde se instalan los programas emergentes que ordenan la interacción histórica y cotidiana de poblaciones y sujetos dentro de ellas. La cultura oficial los expone en las escuelas y de una manera u otra se divulgan con mayor o menor éxito en el campo de conocimiento ciudadano.
Reconocemos en los últimos milenios la presencia histórica de estas Eras o Edades. En ellas se engloban comportamientos, tecnologías y avances de la humanidad en su conjunto y de acuerdo a las etnias que interaccionan.
Edad Antigua, Medieval, Moderna y Contemporánea, Posmodernidad y otras. Dentro de estas grandes Edades se suceden etapas clasificadas según el desarrollo de los modelos económicos, las artes, las ciencias políticas, las religiones y otros aspectos en la convivencia colectiva de las personas.
La tecnología derivada en los avances de las Ciencias Físicas en los últimos cuatrocientos años ha precipitado diferentes momentos históricos. Las formas y estructuras éticas y morales hicieron explosión en este cambio de milenio.
La Revolución Industrial instaló un paradigma de profunda influencia en la mentalidad renacentista previa. El lema “El tiempo es dinero” logró expandirse rápidamente dada sus implicancias de oportunidad, explosión demográfica y migración de los habitantes rurales (medioevo) a las ciudades en crecimiento. Promovió la instalación de fábricas y protocolos escolares orientados a la producción masiva. El lema materialista impuso su cultura de manera continental.

El desarrollo histórico de este paradigma generó un gran avance tecnológico, un orden social y político. Los beneficios aparentes impulsaron el Capitalismo y el crecimiento de los bienes disponibles para consumo y comercialización masiva. En detrimento a estos avances, se sacrificaron valores pertenecientes al espacio ético y protocolos morales declarados como “inconvenientes” para la explanación territorial del modelo industrial. La creatividad personal fue dejando paso a un nuevo tipo de esclavitud: dejar de “sentir” identificación con aquello que se creaba.
La utilización desmedida de la energía planetaria a consecuencia de estos “ideales” de intercambio y el nacimiento del dinero-billete para solventarlos, produjo el gran desbalance ocurrido en el siglo veinte como corolario de la Era Industrial y Modernidad. El desequilibrio planetario ha provocado profundas disonancias en el paradigma en curso. En la actualidad el orden consecuente se encuentra en estado de disgregación.
Con el avance del siglo veinte, el sistema materialista ofrece una perspectiva de aparente cambio en su instrumentación a los fines de sobrevivir a su decadencia.















