“Al final de este viaje en la vida, quedará nuestro rastro invitando a vivir”
Por Victor Koprivsek
Perfil bajo y humildad, sabiduría enorme nos dejaste de pasada, Ale querido. Esta primera nota es para vos que alguna vez hasta nos honraste con tu pluma.
Quien más, quien menos, todos vivimos. Y todos morimos. Las calles van y vienen, son rostros, colectivos, aulas, almacenes, bares, noches de insomnio y familia.
¿Madre, dónde estás? ¿En qué esquina te vi por última vez llegando de las compras, saludando acá y allá repartida por el barrio?
¿Padre? ¿Sonríes? ¿Desde la foto con luna, sonríes, padre?
¿Hermana?… ¿Estás orgullosa de mÍ? ¿Sientes mi amor desde el cielo claro donde jugábamos de niños?
Alejandro Coronel se fue. Algo infinito lo nombra, un rumor de trenes temblando en las vías. Una canción, un peinado raro, un boliche junto a la barra, algo que el tiempo no logró tapar, un sobretodo.
Nadie pero ninguno es huérfano en Derqui, el lugar nos abraza, nos cobija.
Todavía hay alumnos que no entienden cómo fue que pasó, tan así de golpe quedarse sin profesor de Historia, de un recreo a otro, sin un amigo con quien contar.
Todos morimos, reímos, amamos, celebramos un gol, un campeonato.
¿Qué es lo que queda después de esta aventura, de este pasaje que es la vida?
Hijos, libros, saludos, afectos, sueños, nietos, clases magistrales, risas, chistes, consejos.
Una vida con propósito es tener conciencia de la muerte y darse por completo, brindarse entero aun con las miserias, generoso en la amistad.
El barrio nos mira siempre atento al horario de llegada, no vaya a ser que nos pase algo. Para eso está la esquina, para cuidarnos. Y cuando trastabillamos, nunca falta algún vecino que nos cubra, así de puro barrio nomás, que nos defienda, no sea cosa que nos pase algo.
Una vida con propósito quiero. Si no… ¿para qué nacemos?
Recordar tiene su porqué. Derqui es su gente. Derqui es Derqui.
















