La Escuela Integral El Renacimiento tiene como base el respeto por los valores y costumbres de nuestros antepasados.
Nació en agosto del 2013. Fue parida en la casa del abuelo de Hernán Dragoevich, que la construyó allá por el año 1956, mientras la dictadura de Aramburu fusilaba y enviaba al exilio a Perón y a muchos peronistas; la misma casa que 30 años después vio alejarse, rumbo al exilio también, a los padres de Hernán.
Hace 3 años, la casa cobró vida de manos de un grupo de educadores, vecinos, compañeros, con ganas de hacer un espacio de intercambio de aprendizajes a través de convicciones comunitarias y del renacer a partir del encuentro con el otro y otra, potenciando la cultura popular, promoviendo diversas expresiones artísticas y resignificando la historia, los valores y las costumbres de nuestros antepasados.
“Los pilares fundamentales fueron las ganas de transcender más allá de nuestro trabajo, que es desde donde nos encontramos con el colectivo de educadores, y generar desde el fondo de una casa un espacio educativo, social e integral”, cuenta Eli Carreño, encargada de la parte comunicacional de la escuela.
“La utopía del hombre nuevo nos motiva como un colectivo a transformarnos con nuestras propias prácticas, junto a nuestras familias (de amigos y sanguíneas) y con la comunidad en general. Nos proyectamos como un espacio abierto a la comunidad y formamos una asociación civil.”
Los roles de los compañeros van rotando según las acciones, aunque hay algunas específicas. La parte comunicacional está a cargo de Eli; Maru Núñez se encarga de lo relacionado a lo formativo educativo; Nicolás Renna, Rocío Arnold y Juan Manuel Pacheco, de lo artístico en cada evento musical; Viviana Camos, en todo lo relacionado a la construcción en barro; Kiki Basaez y Daniel Martínez, de la huerta y cuestiones operativas del espacio; Nicolás Mingrino y Soledad Romero dan las clases de apoyo escolar (matemática, lengua, sociales y naturales); y Hernán y Elienay viven en la casa que el abuelo levantó con sus propias manos.
“No seguimos un plan de educación formal, porque éste se ha encargado de dividir los contenidos, generando una cultura segmentada y no integral. Nos planteamos de esta manera desafiar paradigmas impuestos que van muy lejos de nuestros valores y principios; motivando a la comunidad a ser parte de este cambio de paradigma y a ser parte de una resignificación ancestral. Desde allí retomamos nuestros orígenes milenarios para pensarnos en una construcción natural donde el respeto y el valor por la tierra funden en alto nuestra aula-taller.”
Aseguran que la construcción en materia cruda (adobe) y su “techo verde” o “techo vivo” los hace sentir y pensar en un espacio más sano, con menor impacto ambiental y en una construcción de bajo costo económico. Por otro lado, la presencia de una huerta orgánica les permite elegir el alimento sobre el cual nutrirse e interpelarse sobre la soberanía alimentaria.
Un vanguardista sistema de cosecha de lluvia les garantiza acopiar agua caída desde el cielo como bendición para beber y regar, transitando el agua por un proceso de filtraciones que hacen del agua de lluvia un bien infinito.
En este momento, en la escuela, además del apoyo escolar, tienen planeado abrir otras propuestas para esta parte del semestre, como huerta, ferias, cine debate, recreación ambiental.
“Como colectivo, lo que más nos costaba era la permanencia sustentable en el tiempo en Buenos Aires, ya que nuestro trabajo consistía en viajar por las diferentes escuelas del país representando al Ministerio de Educación en varios programas de la Dirección de Políticas Socioeducativas de dicho ministerio. El giro político nos encuentra más cerca de este proyecto, pero más alejado del Nacional y Popular a nivel gubernamental.”
En la escuela no se quedan quietos, hay movimiento constante, crecimiento. Por eso, se realizaron peñas, varietés artísticas, construcción de instrumentos musicales, cine debate de la película “Infancia Clandestina” con presencia de su director Benjamin Ávila, entre otras actividades, y presentación de libros junto a la escritora Analía Argento.
“Este agosto cumplimos 3 años de construcción de un proyecto que tiene mucho para brindar. Las expectativas se fueron renovando momento a momento. Somos conscientes de que el proceso en el que nos embarcamos, es decir ver un aula construida – para la cual utilizamos pallets, una técnica de adobe, ecoladrillos (que son botellas con residuos no renovables como el plástico) – desde donde ya funcionamos para la comunidad desde el fondo de una casa, nos da el parámetro que algunas expectativas están más que cumplidas”, agrega Eli.
“El desafío a desarrollar es seguir brindando nuestro aporte desde un paradigma que nos acerque a nosotros mismos, al vecino y a todo lo que nos construye como comunidad, focalizando la empatía por los ciclos naturales que marcan nuevos ciclos.”
Estar vivos es renacer cada día, cumpliendo metas, proyectando en conexión con la vida, la naturaleza y los otros.
por Noelia Venier

















