Mónica y Fabián, nacidos y criados en esta ciudad, y “matrimonio formalmente consolidado”. Llevan adelante el Laboratorio Óptica Morón, un negocio con 31 años de historia.
Morón centro, veredas y multitud, gente que viene y va. Un lugar potente en pleno conurbano bonaerense. Bajo el sol del mediodía, alrededor de la plaza principal, hasta cuatro, cinco cuadras a la redonda, la ciudad cabecera del distrito bulle y se arremolina.
La rueda gira y gira. Comercialmente diciembre alimenta la esperanza de sus ventas en aumento; es que la Navidad para algunos será comprar y comer mientras que para otros, la íntima celebración de lo espiritual.
Entre medio de tantos negocios, de tantas vidrieras, sobre la calle 25 de Mayo altura 294, ahí nomás de la estruendosa Brown, arteria principal con mano hacia Haedo, hay un lugar muy especial, no solamente por la calidez que se respira dentro ni los muchos marcos de anteojos y espejos ni las antiguas cámaras fotográficas que descansan como un tesoro encima de las repisas, sino porque su historia que llega a los 31 años está hecha de trabajo y vocación.
Mónica Estela Cosoli y Fabián Ricardo Di Benedetto son los propietarios de Laboratorio Óptica Morón y además un “matrimonio consolidado formalmente”, dicen y sonríen cómplices.
“El negocio es nuestro segundo hogar, nos gusta lo que hacemos”, arranca ella.
Venta de anteojos, nada más ni nada menos, ese elemento básico que ayuda, a quien lo necesita, a ver mejor las cosas.
“El cliente entra a la óptica con la receta y nosotros hacemos el resto”, describe cordialmente él.
El comercio cuenta con laboratorio propio y un plus extra: buen trato. Ambos son técnicos especialistas en lentes de contacto. Ambos son nacidos en Morón, Mónica en el hospital y Fabián en la clínica Otarán, que ya no está más.
“Con los años la ciudad fue cambiando; sin embargo, Morón mantiene su espíritu de pueblo. Nosotros tenemos clientas que venían con sus hijas y hoy esas hijas vienen con su familia; atendemos a las tres generaciones. También clientes que se han ido a vivir a otros países y cuando vuelven aprovechan las vacaciones para hacer sus cosas y vienen acá”, repasa el hombre.
El matrimonio funciona bien también en el trabajo.
“Es magia”, vuelven a sonreír.
En permanentemente capacitación, los dos moronenses hacen cursos y se especializan: baja visión, glaucoma, maculopatías, lentes de contactos, etc.
“Tenemos mucha vocación de servicio, pero además en la óptica contamos con la colaboración de Mariana, Lorena, Georgina, Gabriela y Darío. Somos un equipo”, dicen contentos.
Impecable, un lugar en el mundo, calidad y precio, cordialidad, sonrisas y saludos, charla amena y resolución de problemas. En el tiempo que duró la entrevista muchas clientas entraron y salieron y hasta metieron un bocadillo en la charla.
Los que honran el trabajo hacen su aporte a la hora de las cuestiones cotidianas. Los que honran el trabajo convierten cuestiones ordinarias en extraordinarias. Cada cual en lo suyo, si todos dieran lo mejor de sí, muchas complicaciones dejarían de existir.
Así que ya lo sabe vecina, vecino, si necesita anteojos ni lo dude, en Morón hay un lugar que hace bien las cosas.
por Víctor Hugo Koprivsek

















