Charlas de sobremesa

Fue socio fundador de la sociedad de fomento, la escuela primaria y el jardín de infantes de ese barrio de Del Viso.
Estimados lectores y lectoras, la buena suerte está de nuestro lado, antiguos días sobrevuelan las calles fangosas de los barrios y por la rendija de los recuerdos se deslizan los tiempos de antes para dibujar en los baldíos, que ya no existen, los primeros potreros donde corrió la infancia de quienes hoy son padres de familia o al menos lo intentan.
Nombres llenos de mística aparecen entre las páginas de El Apogeo de Del Viso. Nombres que luego son rostros; rostros que se vuelven risas; risas que cruzan fronteras y calendarios para sentarse nuevamente a nuestro lado o pararse en la esquina del tiempo a mirar con asombro lo mucho que ha crecido el barrio en los últimos años.
Don Tito Villanueva ha regresado, ésa es la noticia.
Lo nombra su yerno Raúl Schaab con orgullo en las palabras; lo trae su hija Adriana con lágrimas en los ojos; la sociedad de fomento “La Tierrita”, que él mismo fundó junto a otros de su misma calaña, lo llama para que vuelva a dirigir los equipos de fútbol imbatibles donde los niños del barrio aprendieron a soñar con la gloria de un gol sobre la hora.
Villanueva se casó con Esmeralda Ema Pogliese, estamos hablando de la década del cincuenta cuando en Del Viso era todo campo y la Panamericana no existía. Acá se vinieron a vivir y forjaron el destino de tres hijos: Adriana Beatriz, Luís Alberto y Ricardo Miguel.
“Todos nos quedamos en el barrio, nunca nos fuimos”, dice la hija mayor de Don Tito acompañada de su esposo, otro cuyas raíces están profundamente clavadas en el barrio William Morris.
“Tito era un tipo que estaba en todo, principalmente en la sociedad de fomento, de la cual fue socio fundador”, cuenta Raúl.
Los Mayoral, Ceferino Avercon, Francisco Schaab, Juan Alarcón, son algunos de los nombres que el recuerdo trae para sumarlos a la partida de vecinos comprometidos con su comunidad.
“Mi suegro era un apasionado del fútbol y los chicos lo seguían; le decíamos que era Martin Karadagián porque los pibes andaban todos atrás de él”, sonríe el yerno al evocarlo.
“Siempre para los fines de año se disfrazaba de Papá Noel, me acuerdo que los comercios le daban caramelos y chupetines y él los repartía en el barrio”, describe su hija.
“Había algunos chicos que le daban la cartita de Papá Noel a él, se emocionaba tanto”, dicen.
Primero nació la sociedad de fomento del este, donde se dictó clases; después, la escuela primaria Nº 28; más tarde, el jardín de infantes Nº 907; todos levantados con la voluntad de los vecinos unidos en confraternidad y dignidad.
“Él no quería figurar, se armó una comisión de varios vecinos que todos los domingos durante un par de años estábamos ahí firmes para hacer pozos, levantar paredes, poner techos, lo que sea”, asegura el matrimonio con orgullo y emoción.
Ravioles, ñoquis, asados, rifas, hubo de todo para levantar el barrio y sus instituciones.
¡Cuántas historias de ayer que llegan para revivir lo alcanzado con la sola voluntad de los vecinos! Voluntad y unidad para salir adelante en la alegría. El barrio William Morris, cuyo primer nombre fue “Las Torcazitas” está lleno de misterios y sentido comunitario.
Mucha tela por cortar que iremos conociendo con el tiempo a través de estas páginas destinadas a rescatar y visibilizar lo mejor de Del Viso: su gente.















