Tratados internacionales. Letra muerta

Los países que forman la Unión Europea (28 estados) han adherido a la llamada Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, del 7 de diciembre de 2000.

El Preámbulo de la carta dice que “… Consciente de su patrimonio espiritual y moral, la Unión está fundada sobre los valores indivisibles y universales de la dignidad humana, la libertad, la igualdad y la solidaridad, y se basa en los principios de la democracia y del Estado de Derecho. Al instituir la ciudadanía de la Unión y crear un espacio de libertad, seguridad y justicia, sitúa a la persona en el centro de su actuación…”

Su artículo primero dice: “La dignidad humana es inviolable. Será respetada y protegida.”

Su artículo cuarto proclama: “Nadie podrá ser sometido a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes.”

En el sexto: “Toda persona tiene derecho a la libertad y a la seguridad”.

En el décimo octavo se habla del derecho de asilo y pregona: “Se garantiza el derecho de asilo dentro del respeto de las normas de la Convención de Ginebra de 28 de julio de 1951 y del Protocolo de 31 de enero de 1967 sobre el estatuto de los refugiados y de conformidad con el tratado constitutivo de la Comunidad Europea.”

Y, para darle más fuerza a ese derecho, su artículo décimo noveno enfatiza: “Se prohíben las expulsiones colectivas. Nadie podrá ser devuelto, expulsado o extraditado a un estado en que corra un grave riesgo de ser sometido a la pena de muerte, a tortura o a otras penas o tratos inhumanos o degradantes.”

Muy bellas palabras pero, en los hechos, ¡una gran farsa!

Lo demuestran los miles y miles de refugiados que llegan al continente escapando de la guerra, el mal trato, la injusticia y la falta de libertad.

Magníficas palabras pero, tal como lo dije algunos artículos atrás, al niño kurdo-sirio Aylan, encontrado muerto en la playa, no le sirvieron absolutamente de nada.

Hay miles y miles de Aylan, todos los días.

Recordemos que el asilado es una persona que, por razones trágicas, debe escapar de su país para buscar protección de lo único que le queda que es su propia vida ya que sus muchos o pocos bienes han sido destruidos o robados.

Esa persona, según los tratados internacionales, debe ser protegida, acogida y resguardada. La Unión Europea, formada por un conglomerado de países de todo tipo, creencia, religión o situación económica debe, sin restricciones, recibir a los refugiados. Eso está precisamente especificado en sus tratados de unión.

Pero, lamentablemente, en la práctica, los asilados son rechazados o confinados en campos de concentración de postes de cemento o metálicos, alambradas, muros, perros poco amigables y carpas de cartón y plástico, casi sin los elementos de vida indispensables; o son derivados a Turquía, un país a donde nadie de ellos quiere ir, pero es una forma que encontró la Unión Europea de desligarse de los desprotegidos.

Sumado a ello, los propios habitantes de esos países europeos se rehúsan a recibir a extranjeros porque, dicen, les ocupan sus trabajos, se benefician de sus sistemas de salud, de sus escuelas, etc., etc.

El Presidente de los Estados Unidos, en su reciente visita a nuestro país, cuando daba una charla a jóvenes emprendedores dijo que, a pesar de los inconvenientes y los conflictos que suceden en todo el mundo, la sociedad, en general, mejora día y día.

A juzgar por los hechos, esa definición habría que revisarla o, al menos, que identifique a que sociedad se refiere.

por  Dr. Andrés Rosso, Abogado

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lunes, 16 febrero, 2026

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