por Victor Koprivsek

Ibicuy significa arena suelta o tierra molida, en guaraní.
También es un pueblo de Entre Ríos, “por Ruta Provincial 45 desde Paraje Brazo Largo desvío de AU 14, pavimentado tramo de 48 km”, describen en la página del Instituto Portuario del Gobierno de Entre Ríos.
Sí, Ibicuy tiene un puerto. Ente Autárquico Puerto Ibicuy, Departamento Islas del Ibicuy. Sobre el Paraná. Y aunque la historia de abundancia de productos para su comercialización que van y vienen cargados en los barcos por ese importante río argentino es vasta, Ibicuy es un pueblito de características austeras.
Pero como todo pueblo del interior, está lleno de historia, de buena gente, de sonrisas al alcance de un hola.
Pero Ibicuy tiene más. Ibicuy tiene un héroe. Sí, señora, un héroe. Alguien que dio la vida por todos. Alguien que no morirá jamás, cuya sonrisa quedó para siempre retratada en las fotos donde aparece y así en cada uno y cada una de sus vecinos, que van contando la historia de boca en boca, de escuela en escuela, de jardín en jardín.
Ibicuy no solo tiene un héroe sino también una escritora, una poeta, que compone salmos inspirada en el héroe, en su héroe, en el héroe de todos. Ella escribe cuentos mágicos que honran la memoria del vecino, del tío, del hermano.
Y cuando lo hace, cada 2 de mayo, la plazoleta del pueblo se llena de jóvenes estudiantes que llegan con banderas a la ceremonia. Y las autoridades del pueblo se ponen firmes al entonar los himnos, y los amigos y las amigas del héroe, su familia, derraman lágrimas de emoción y orgullo y un poco de tristeza también.
Entonces, ese pueblito con sus calles de arena fina, un poco alejado de su puerto donde los barcos que pasan se llevan las abundancias para otros lados, ese pueblito eleva plegarias al cielo entre niños en bicicleta y perros por doquier.
El nombre de Ibicuy derrama su misterio de nostalgias a la siesta, comparte su humildad hecha de suaves sonrisas, de charlas en las veredas a manos tendidas.

Oh destino, ese pueblo que ya tiene mucho todavía tiene algo más. Tiene un fabricante de ferris a escala, que montó un museo frente a la vieja estación de trenes que ya no andan. Hubiera querido que ese museo de barcos legendarios estuviera ahí, frente a su casa, en la estación, pero no se pudo. Entonces, construyó una pieza en la esquina de su casa, frente al Concejo Deliberante, humilde pero suya, la hizo con sus manos y le puso muchas ventanas para que se vean los barcos desde afuera.
Un lugarcito de puertas abiertas, no las del museo sino las de su corazón. Y si alguien entra sabrá de viajes de otros tiempos cuando los jóvenes del pueblo se embarcaban a la aventura de su destino, 24 x 6, Ibicuy-Zarate, Ibicuy-Buenos Aires, con la bendición de sus mayores que veían la partida como una promesa de futuro.

Arena fina es el tiempo en Ibicuy. Tierra molida que se escapa de las manos y se queda en los ojos vidriosos de su gente. Un pueblo que tiene un héroe, una escritora y en señor que hace maquetas de barcos, sin duda, es un lugar importante.
Digno de conocer.












