por María Almeida

Con esta frase suelo despedirme en cada escrito y en el espacio que Autores Locales Radio me brinda para poder hablar de autismo. ¿Por qué? Porque lo creo con todas mis fuerzas y porque sé que hablar de autismo, abrazar al autismo, empatizar con las personas con autismo hará la diferencia en la vida de ellos, la de sus familias y en la de todos.
Hace unos años atrás compartía este texto en redes:
“¿Alguien vio cómo se mantienen cautivos a los elefantes fuera del zoológico? En un circo, por ejemplo.
Les comento que estas enormes criaturas son retenidas con tan sólo una soga, o cadena, atada a la pierna, y una estaca enterrada en el piso, a no mucho más de 30 centímetros de profundidad. Es obvio que si ellos lo quisieran podrían liberarse fácilmente, pero por alguna razón ellos no lo hacen. Se quedan ahí sin intentos de escape.
Esto se debe a que, desde muy corta edad, cuando todavía son muy chicos, se usa la misma soga y estaca para atarlos; y cuando son tan jóvenes esto es suficiente para retenerlos. Por lo tanto, mientras crecen son condicionados a creer que no pueden soltarse. Ellos, a pesar de su gran tamaño, creen que esa soga los tiene atados y por lo tanto no intentan escapar (después de todo, ya lo intentaron y fallaron).
Estos imponentes animales podrían liberarse de sus ataduras cuando lo quisieran, sin embargo, como creen que no pueden, se quedan justo donde están.
Podríamos decir que, estas gigantescas criaturas limitan sus habilidades y capacidades presentes por sus limitaciones del pasado.
Cada vez que decimos sobre alguien, o a nosotros mismos, que no van a poder jamás hacer algo por el sólo hecho de que todavía no están preparados para hacerlo, estamos ‘poniendo un techo’, un ‘hasta acá y no más’. Decir que un chico no va a poder jamás hablar, es ‘poner un techo’; que alguien no va a poder jamás relacionarse, o jugar con otros, es decir ‘hasta acá y no más’. Decir que nunca va a poder hacer algo es ponerles una soga y una estaca.
Dejemos de creer que algo no se puede hacer por el sólo hecho de que alguna vez fallamos al hacerlo. Rompamos las sogas y quitemos los techos.
Cualquier intento puede fallar, lo importante es nunca fallar en seguir intentando”.
Por eso y más hablo de autismo, porque sé que entre tantos “no va a poder», un “sí, se puede” hace la diferencia. Claro que sí. En medio de tanta ignorancia que limita, que encasilla, que no incluye, un poquito del “conocer al autismo», abre puertas e invita.
Pero no podría hacerlo, caería en “saco roto” sin vos que estás del otro lado leyendo, haciendo tu parte al multiplicar este mensaje.
De eso se trata. Hablar de autismo, alzar la voz, pintar mi vida de azul es mi manera de vivir, porque la vida me presentó un desafío y yo elegí construir. Decidí ser la voz de mis hijos, hasta que ellos puedan alzar su propia voz. Y vos sos mi “megáfono”.
¿Por qué lo hago? ¿Por qué una madre apasionadamente imperfecta como yo, repleta de miedos e inseguridades, se dedica a HABLAR DE AUTISMO? Porque quiero sumar mi granito de arena. Quiero hacer mi aporte a construir ese mundo que mis hijos merecen, que todos merecemos. Es enseñarles a nuestros hijos y a todos que pueden “romper sus ataduras” y ser libres. Hablar de autismo es invitarte a escuchar, a aprender, a compartir, difundir. Es invitarte a empatizar, a abrazar y a ser amable con el autismo. Gracias infinitas por hacer tu parte en todo este lío. JUNTOS ES MEJOR.
Porque “un mundo en el que quepan todos los mundos es posible si todos ponemos nuestra parte” y vos lo estás haciendo.
Yo hablo de autismo… y sé que vos también.















