Las que honran el trabajo
El equipo de trabajo de la Dirección de Niñez, Adolescencia y Familia de la Municipalidad de Pilar le pone el cuerpo a las tristezas más grandes.
por Víctor Koprivsek
Violencia familiar, abusos, excesos, fragilidades. Sociedad en caída libre, golpe tras golpe, herida y dolor. Porque viene de lejos el silencio, es un gran monstruo agazapado. Una rueda abrupta, indescifrable y fría que apalea, escupe y empuja de la mesa, golpea, aparta, patea, estigmatiza.
¿Y adónde van a dar los cientos que caen? ¿Dónde se resguardan sus ropitas de fe o desencanto? ¿Quiénes reciben esos cuerpos ultrajados, esas miradas perdidas que se esconden en la vergüenza o el miedo?
Víctimas dolidas, enfermas, gritando y callando de uno y otro lado. Porque la batalla no es de ahora, el despojo de la dignidad llega desde atrás, la soga que aprieta.
Es de llanto y desesperación lo que brota de aquel entonces cuando se dijo que en boca cerrada no entraban moscas ni restauraciones ni restituciones ni alivios.
Pero ahora sabemos que la palabra que se dice deja de doler.
Por ahí anda la esperanza de puro intento soñando arreglos. Inés, Carolina, Andrea, Soledad.
Y entonces uno vislumbra caminos entre los escombros, claros de luz en medio de las tormentas rabiosas. Vislumbra comienzos allí donde pareciera que todo se desmorona.
Recién empieza el temblor masivo, recién se tienden los puentes primeros de expresión y colores en los barrios y las patrias.
Los despojados, los dolientes, las sumidas en la angustia grande, en la sin salida, en el recodo extremo de la angustia, vienen llegando.
Vienen llegando a decir lo que se tapa, lo que se esconde bajo la alfombra. Vienen a buscar ayuda, a confiar. No es mejor mirar para otro lado, y eso bien lo sabe el equipo de trabajo que protege la integridad y los Derechos de los menores y que funciona en Estanislao López Nº 625, ex Ruta Nº 8 esquina Rivadavia, primer piso, Pilar.
Allí, un grupo de jóvenes licenciadas, terapeutas, psicólogas, con entusiasmos y profesionalismos, paciencias y corazones, dan batalla día a día, le ponen el cuerpo al conflicto, llenando de amor la ausencia, utilizando todas las herramientas que están a su alcance para reparar, ayudar, animar, contener, poner ley donde se descalabra el mundo y se retuerce el llanto.
Son jóvenes, mujeres de ahora, hechas del presente que enfrentan, resistiéndose a endurecer sus almas y a mirar sin ver, a dormir tranquilas mientras los pibes llegan rotos con padres angustiados y más.
A ellas y a los cientos de miles que creen, que tienen Fe, que se animan, que no bajan los brazos, que prestan oídos y espaldas, que no abandonan y están dispuestos a cambiarlo todo con tal de remediar un pasado triste, un ayer maltrecho, va dedicada esta nota del corazón, porque honran sus trabajos y sus días. Y ponen una estrella en el sitio de la tristeza.
















