Muy pocas personas tocan el corazón del otro. Es una cualidad reservada a quienes vestidas o vestidos de humanos en realidad bien podrían ser ángeles que transitan durante un tiempo por esta tierra. Y en su andar van dejando destellos de amor y pasión, tanto en sus trabajos como en el cotidiano día a día del living familiar y sus enceres.
Cierto es que los pueblos, con su historia, guardan para siempre el recuerdo a esas personas especiales y sencillas.
No salen en las tapas de los diarios sensacionalistas ni ocupan las primeras planas cuando sus mágicas acciones van salvando vidas en aulas de escuelas o patios. Bueno sería que así fuera.
Sin embargo, sus partidas sacuden hasta los cimientos mismos de las ciudades crecidas. Quizás porque sus sonrisas dejaron, al pasar, una estela de calma, de resguardo y de cuidados inmensos.
Hoy vamos a encontrar en las redes sociales largas declaraciones y reconocimientos por la partida física de Graciela Redolfi; su adiós dejará el corazón volcado en palabras de quienes han sido bendecidos por su paso y cercanía.
Desde las páginas de El Apogeo, de origen derquino y corazón derquino, abrazamos, de familia a familia, a sus seres más queridos.
El barrio sabe que cuando la tristeza golpea, el apoyo es una columna que sostiene en medio de la tormenta.
Graciela se ha ido, pero su recuerdo no.
Y como mujer y docente, ese legado de amor que supo construir a lo largo de su vida, con infinitos gestos de bondad y buena gente, ha de quedar para siempre entre nosotros. Gracias por todo.

















