Vivir bailando

Juanita, María Fernanda y Rodrigo, tres generaciones dedicadas a la danza.

A María Fernanda Villaverde le dijeron que Rodrigo tenía alas en los pies. Los médicos se preocuparon: un niño con alas no era cosa de ver todos los días; los docentes se asustaron: un niño con alas difícilmente pudiera sacarse buenas notas para luego ingresar en alguna carrera de esas que sirven en la vida; ella sonrió.
A los 8 años Rodrigo le dijo que quería triunfar. Para la danza clásica había nacido y para ella se prepara desde que ingresó en la escuela de danza municipal de Morón.

“Empecé en el 2002. Le pedí a mi madre venir a la escuela. Ella me dijo que sí. Me preguntó si quería estudiar tango o folclore y yo muy loco como soy le dije: ‘No, clásico’. ‘No vas a durar ni 2 semanas’, me dijo. No fue visionaria”, recuerda Rodrigo y se ríen.

La historia comienza antes, cuando María Fernanda era la pequeña y Juanita la acompañaba a la misma escuela que ahora le sirve de escenario a Rodrigo. Así, la mañana se tiñe de recuerdos mientras viajamos en el tiempo.

“En 1978 ingresé a la Escuela de Danza José Neglia. Hice 9 años en lo que tenía que ver con la parte de clásico, español, contemporáneo, música, francés. Como no me quería ir de la escuela, a pesar de que no me gustaba el folclore, hice los tres años pertinentes. Justo cuando estaba estudiando folclore, el director de la escuela Norberto Guichenduc decide armar el primer ballet de tango. Me enganché de una”, repasa Fernanda y enumera giras por Latinoamérica con el grupo de Rodolfo y Gloria Dinzel con tan sólo 18 años, shows en San Telmo con los Argentinos de la Danza…
“En el ‘89 viajo por primera vez a Japón. Me quedo 1 año. Siempre bailando tango y folclore, un folclore más estilizado no tradicional. Íbamos y veníamos a Buenos Aires así que cada vez que llegábamos seguíamos con nuestros trabajos en San Telmo en La Ventana, en Canal 7, Casablanca, Casa Rosada, Taconenado, Cambalache, Che Buenos Aires, Che Bandoneón. En algunos cabarets, que tenían shows de tango y folclore. La última compañía a la que pertenecí fue Tango Pasión; estábamos con el sexteto mayor.”

Imparable, Fernanda siguió el profesorado a distancia, después ingresó a la Escuela Nacional de Danza y se recibió con Rodrigo en la panza.

“Cuando él tenía tres años, y yo tuve la posibilidad de que mis viejos lo cuidaran, arranqué en lo que antes era el IUNA – que ahora es UNA – el profesorado de folclore. En la actualidad, en la Escuela Municipal de Danzas José Neglia trabajo como coordinadora de área del departamento de tango, además doy clases de clásico y clases de tango”, cuenta. “Mi proyecto personal es Argendanza Ballet. Este año cumplimos 20 años.”

Juanita los observa, también sumida en el sepia del tiempo.

“Primero, cuando Fernanda comenzó a estudiar en la escuela, la acompañaba, me quedaba a esperarla. Luego, empezamos con mi marido a comprometernos con la escuela. Trabajamos muchos años en la cooperadora. Después con el ballet de ella, siempre compartiendo sus cosas. Ahora es el turno de acompañar a mi nieto”, susurra y desmadeja la historia.
“Cuando ella era chiquita le hice hacer un traje. Cuando vi cómo estaba hecho, dije ‘esto lo puedo hacer yo’. La necesidad económica hace que uno comience a rebuscársela. Si ella tenía que bailar 5 ó 6 veces, no podía mandarle a hacer 5 ó 6 trajes así que aprendí a coser, de acuerdo a lo que los profesores pedían; mi madre me orientaba, también de ojito. Cuando ella empezó con su ballet, me preguntaba y cuando me quise acordar eran un montón de vestidos los que estaba haciendo. Algunos se los mandaba a una señora amiga que me ayudaba. Las otras cosas que se le ocurrían eran disparatadas, por eso sólo yo podía hacerlas. ¡Si vieras lo que es el cuarto de los trajes!, hay una barbaridad.”

Es el turno de Rodrigo, que con tan sólo 19 años ya es integrante del Ballet Metropolitano. Para llegar, el esfuerzo, el sacrificio y la dedicación son los protagonistas. Llegan los mejores pero también los que no bajan los brazos, los que mañana, tarde y noche se preparan y se superan.

“Ya hace 13 años que estoy en la danza. Yo quería tomar clases con profesores varones para que me enseñaran las técnicas de varones en el escenario, ya que en la escuela sólo hay profesoras mujeres. La profesora Guadalupe Neyra me invitó a hacer un seminario con el maestro Néstor Asaff y el me empezó a dar clases para varones y no paré”, y en la lista están los nombres de Hernán Piquín, Sergio Hochbaum, bailarín del Teatro Colón, Alejandro Totto, maestro del Colón del curso de varones, Juan Pablo Ledo, de la fundación de Julio Boca y bailarín del Teatro Colón.
“En 2014 me entero del seminario de Sergio Neglia, hijo de José Neglia. Son cursos intensivos, de todo el día. Una vez en el seminario, él me comenta de la audición del Ballet Metropolitano de Buenos Aires. Hice la audición y quedé. Es un ballet trampolín. Forman bailarines que están un año y luego le tienen que dejar el lugar a otros. En mi caso pude renovar el contrato. Hice el Cascanueces y las princesas y ahora estoy en El lago de los cisnes, siempre en el Konex. La danza es mi pasión.” Agrega que es arriba del escenario en donde puede expresar cómo es verdaderamente.

– Y para ustedes, ¿qué es la danza?
– Es mi forma de vida – responde Fernanda.
– Mirá – dice Juanita – en el espectáculo de Argendanza Ballet Tango + Tangos estamos los tres juntos. Desde que mi esposo Julio César Villaverde falleció, nuestra familia somos nosotros tres. Me encanta seguirlos. No tengo la menor idea de cómo se siente ser jubilada.
Hay algo que late, un fondito para nuestra charla, las tazas chocan con los platos de cerámica, las máquinas de café y su ruido metálico componen una melodía de bar sólo para nosotros, para acompañarnos. ¿Será eso vivir acá? ¿Saber que en un barrio como Haedo tres se unen para asombrar? ¿Será el baile y la música columpiándose en la marea? ¿Será que remar contra esa corriente siempre siguiendo un sueño es lo que nos define? ¿Será el Sarmiento y sus esperas cuando la noche cae en cada uno de los andenes o los cafés alrededor de la universidad llenando el aire de canciones? Para ellos tres, el Oeste es su destino.

por Noelia Venier


Rodrigo junto a Marianela Núñez, primera bailarina del Royal Ballet de Londres.
Rodrigo junto a Marianela Núñez, primera bailarina del Royal Ballet de Londres.
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