Es la celebración más importante de los pueblos originarios del hemisferio Sur; durante la ceremonia, se le agradece al sol y se le elevan ruegos.
No todos los pueblos del mundo celebran la finalización del año el 31 de diciembre. Existen varias naciones originarias del sur de América para las que el nuevo año comienza el 24 de junio.
Uno de esos pueblos es el mapuche. Mucho antes de la llegada de los conquistadores españoles, este pueblo ya habitaba el sur del continente americano, en los territorios que hoy pertenecen a Argentina y Chile. En su idioma, mapuche significa “gente de la tierra”.
En el año 1541, comenzó su resistencia contra la llegada de los colonizadores, que se extendió hasta finales del siglo XIX, cuando fueron sometidos. Hasta entonces se mantuvieron independientes tanto política como culturalmente, a pesar de las guerras que sostenían.
El pueblo mapuche construyó su propia espiritualidad, su organización política, una filosofía que rige su actividad económica y social, y por supuesto su idioma: el mapuzugun o “habla de la tierra”.
En 1879 del lado argentino y en 1881 del lado chileno, los mapuches fueron vencidos por la fuerza de las armas. Hasta entonces el wiñoy xipantu, o sea el año nuevo, era celebrado con el solsticio de invierno.
Desde hace unos años han recuperado esta celebración que comienza en la noche del 23 de junio y termina antes de que salga el Sol del 24. Ese día los mapuches dicen wiñoy xipantu, es decir, “volvió el año”.
Para algunos, el inicio del invierno; para otros, los pueblos del Sol y de la tierra, nada más y nada menos que el año nuevo, momento en que un ciclo se cierra para dar comienzo a uno nuevo: el fortalecimiento del lazo vital entre la tierra y los hombres. Estas culturas aseguran que desde el 21 al 25 de junio la naturaleza modifica todos sus elementos y realiza cambios profundos que involucran a todos los seres vivos.
Partiendo de una concepción cíclica de los procesos vitales, las fiestas se enmarcan como momentos rituales en donde los pueblos agradecen la fecundidad de la tierra traducida en las cosechas que hacen posible su subsistencia; son como la despedida y a la vez la bienvenida al astro que hace posible este desarrollo: Antu (sol) para los mapuches, Inti para las culturas andinas.
Para los mapuches, este es el único día en que las aguas de los ríos cambian su temperatura, lo cual los torna un poco menos fríos y permite el baño en la madrugada para recibir el nuevo (we) año (xipa) y purificar el cuerpo y llenarse de nuevas energías. Niños, jóvenes y ancianos se acercan al arroyo o río más cercano para bañarse y realizar un ritual de purificación. El objetivo del rito es estar limpios de cuerpo y espíritu antes de recibir el nuevo sol y, por ende, también al año nuevo. Luego del baño, se realizan rezos individuales y grupales para dar inicio formal a la celebración. Hay muchas actividades que se realizan cada 24 de junio, depende de la comunidad. Pueden incluir bautismos, juegos populares, ceremonias e incluso las niñas mayores de 6 años pueden hacerse orificios en las orejas para usar aros, símbolo de abandono de la niñez.
Inti Raymi, en quechua “Fiesta del Sol”
El We Xipantu coincide con el Inty Raimy (de la tradición inca), evento que también indica al sol como fuente de renovación y sabiduría. Es una ceremonia religiosa incaica en honor al Inti, el dios-sol. Marca el solsticio de invierno en los Andes del hemisferio sur y se realiza también el 24 de junio de cada año.
Durante la época de los Incas, el Inti Raymi era el más importante de los 4 festivales celebrados en el Cusco e indicaba el inicio del año así como el origen mítico del Inca.
Duraba 9 días en los cuales habían bailes y sacrificios. El último Inti Raymi con la presencia del Emperador Inca fue realizado en 1535. Esta ceremonia se realizaba con la asistencia de la totalidad de la población de la urbe, tal vez unas cien mil personas.
Naturalmente, con la llegada de los españoles, fue suprimida. En 1572, el Virrey Francisco de Toledo la prohibió ya que la consideraba una ceremonia pagana y contraria a la fe católica, realizándose posteriormente en forma clandestina.
















