Organizarse en los barrios es el gobierno de los pueblos
por Víctor Koprivsek
La gente cumple años y la lluvia llueve. Los lugares también festejan, quiero decir las paredes con sus cuadros o dibujos, si son de niños y multicolores, mejor.
Los patios, las hamacas, las mesitas y los armarios de los lugares que festejan, también celebran cuando hay una fecha clave.
Digamos, por ejemplo, el cumpleaños número 6 de la Biblioteca Palabras del Alma del barrio Peruzzotti de Pilar que el sábado 31 de mayo hizo su fiesta.
Y las palabras cantaron, salieron de los libros y corrieron con los niños y las niñas que allí juegan.
Las palabras surgieron y se subieron a los árboles de la esquina del terreno, atrás de las tarimas de madera apiladas, se escurrieron por las habitaciones que son aulas, por la cocina y el baño.
Hay cosas que tienen vida porque el soplo no es sólo para el hombre o la mujer, el soplo que da vida me refiero. También llega a tocar el corazón de las lapiceras y los crayones. Y saluda a las puertas y las ventanas y se mete en la fibra íntima de las rejas, corroe su destino de miedo y las suaviza como un sol que entibia las mejillas azules.
Yo me acuerdo de la vez que ese soplo sopló una noche y se hizo la Biblioteca Palabras del Alma, fue una noche en IntegrArte y estaban Carla Ponsone y Hernan Nemi. Y había más ayudando al soplo, queriendo ver.
Al principio, los libros caminaban en puntitas de pie por la plaza vacía, frente a la iglesia de Peruzzotti, eran libros y eran voces. Era algo que nacía.
Ser testigos de semejante disloque: libros ambulantes, palabras trepadoras, lápices de colores coloreando papeles que después el viento soltaba para siempre. Ver eso y pretender olvidar, contemplar aquella locura fantástica en medio de gentes taciturnas apenas andando con sus desesperanzas, sus ilusiones dormidas, hace seis años atrás. Yo lo vi.
Pero bueno, las bibliotecas populares, en realidad no sé cómo serán otras pero ésta que les cuento, les aseguro que en verdad, está medio loquita. Con decirles que hace un mes estuvo llamando desde su corazón de novela a los muchachos para que suban con baldes de cemento hasta su techo, entre cánticos de rebeldía los fue empujando hacia la altura del barrio.
También hubo quienes llegaron con ladrillos y hubo quienes trajeron ropas que, poseídas por el bendito soplo de la vida tan recurrente en las márgenes, se fueron desperezando e irguiéndose en la dignidad de los oprimidos, se volvieron útiles a la causa.
Hermosa Biblioteca Palabras del Alma!!! Mirá que hacer semejante lío tan sólo para abrir tus puertas y dejar que entremos todos a celebrar la posibilidad de cambiar el mundo, que es el barrio, que es lo que conocemos.





