La cultura le está dando batalla a los moldes difíciles de romper. Editorial Simulcoop es una trinchera que, desde El Palomar, arroja bombas listas para explotar.
Cuando Gutenberg inventó, allá por el siglo XIV, la imprenta, abrió la ventana a un mundo infinito de palabras. Le dio origen a un negocio, también, a uno que parece alimentar sólo a aquellos que conviene publicar; es como una ballena enorme que deglute todo a su paso; unas editoriales se comen a otras, editan a quienes políticamente conviene, a quienes estéticamente haga falta. Creen que pueden marcar el camino de lo que se lee y no. ¿Será verdad?
Sin embargo, hay otra realidad: cientos de editoriales independientes, pequeñas con corazón grande, surgen día a día y le dan la posibilidad al sueño de editar un libro.
Rodrigo Arreyes, editor de Editorial Simulcoop, describe su emprendimiento como “una cooperativa artesanal espiritual en una zona industrial y militar”.
“Cada uno llegó como de una nación lejana con su propio idioma. Nos subimos a un barco, algunos se tiraron con el loro al hombro por la borda, otros fueron rescatados sedientos y hay quien a veces se sienta como un mástil o un timón; otros entran y salen por las paredes como fantasmas. También creemos que nuestra editorial está formada por quienes vendrán, dado que estamos buscando talentos con el pulgar para arriba. Los invocamos como a una lluvia en el desierto.”
Su mayor esfuerzo sea, tal vez, el de coser los libros a mano, pero ellos lo hacen al ritmo que “se pela un maní mientras tomás una cerveza, ni te das cuenta y de pronto cosiste 300 libros en una tarde charlando de la vida con amigos”.
Pareciera que se trata no sólo de romper con el molde, sino también de destruir mitos: la falta de dinero, de espacios para la presentación de los libros, existir más allá de la mentira de la feria del Libro…
“Nuestro método nos permite no perder plata, sino ganar, porque nuestro principal objetivo es permitir que la editorial exista no condicionándola con los faroles que iluminan las publicaciones en general. Hace años los libros consagrados de Argentina salen de estos medios, con un editor que hace magia con el tubo de teléfono en la mano.”
“Simulcoop nació en un taller con un libro experimental (el mío), al que le siguieron tres libros más y dos plaquetas que se hicieron en cinco o más barrios distintos, sin tener plata que invertir y sin espacio para trabajar, molestando a los demás… hoy la editorial está formada por cosas que están separadas en las casas de varias personas. No tenemos un taller, pero aspiramos a tener uno, de esta manera podremos ampliar la convocatoria.”
– ¿Cuáles son las dificultades de bancar la cultura autogestionada?
– La falta de una política clara que sepa descentralizar la cultura de la Capital Federal, que nos den la hora, por lo menos. Se habla del conurbano, pero no se escucha al conurbano. Somos del Oeste, no podemos vivir con el cuerpo del otro lado de la Gral. Paz y el alma acá… las dificultades están pegaditas a sus soluciones, pero hasta nos cuesta conseguir un lugar para presentar nuestros libros. Si en Capital los espacios para la cultura se cierran, acá nunca estuvieron abiertos. Hasta ahora nos encontramos (casi siempre) con personas de generaciones anteriores con paranoias culturales acompañadas por actitudes autoritarias que son las que excluyen a muchas personas.
“En este sentido, creo que si no se publican más libros de editoriales de nuestra zona es porque no hay voluntad política, sino mucho miedo a transformar las costumbres, a replantearse quiénes somos los que escribimos sobre nosotros mismos.”
El secreto es abrirse paso entre la maleza; hacer presentaciones en lugares no convencionales.
“Seguro que eso nos da algunas ventajas”, afirma Rodrigo, “pero a la vez veo espacios tan muertos, como la Biblioteca Popular Giuffra de El Palomar, que funciona más como gimnasio que como biblioteca. Tiene cuatro pisos, aulas, infinitos libros, pero el presidente no convoca una asamblea hace veinte años. Además de las bibliotecas no hay mucho, salvo los negocios particulares. Es triste que esos espacios que se fundaron con tanto cariño hoy sean trampolines políticos.”
Poner en palabras… la expresión como narración de nuestras vidas y sus rincones más lejanos haciendo eco en los otros. Un libro. Un mundo.
“La primera vez que conocí a alguien que yo consideraba un escritor, le pregunté si no le daba vergüenza escribir cosas sobre su vida. Hoy en día no hay ni una palabra que no tenga algo que ver con la mía. Ligar la vida con lo que escribimos es el resultado de un gran esfuerzo de fidelidad, de amor. Cuando te sacás la mochila llena de máscaras, entonces parece mucho más básico y mágico.”
por Noelia Venier















