por Victor Koprivsek Velárdez

Con sus nombres a cuestas, sus apellidos. Familias antiquísimas que vienen cabalgando en el tiempo, riendo alrededor de la mesa, llorando en la ternura del abrazo sus penas hondas.
Familias unidas por lazos invisibles que perduran, arraigadas en los recuerdos de infancia. Y Derqui está ahí, habitando las calles por donde caminan, las veredas donde se detuvieron a pasar los años y forjar sus amistades.
Son familias que se acomodaron a la sombra de los árboles quietos. Ramajes florecidos. Infinitas galaxias.
Abrieron negocios, llevaron adelante profesiones. Se extienden los ríos al calor de la mañana. Son noches y pensamientos al reparo del sueño. Espejos que repiten contornos en los rostros que llegan: aquella se parece a la abuela, este otro al tío, aquel de allá hace deporte, esa que estudia y se esfuerza.

Mientras los mayores se van encorvando en silencio, se ponen lentos en el andar y el barrio los cuida. Derqui los nombra cuando el viento arrastra hojas sobre las chapas de las casas bajas.
Se cuelan los recuerdos de los antepasados por las ventanas, casi imperceptibles, nunca olvidados. Un lugar del que nadie se va del todo. Un territorio ladrillo sobre ladrillo, historia sobre historia.

Y nosotros acá, desde hace diecisiete años acompañando sus legados, plasmando a cientos que eligen la continuidad de las tardes en esta tierra que se escribe sola.
Porque no son solo las entrevistas, no son solo las fotos que saltan sobre tus ojos al abrir el diario, en cada auspiciante, en cada publicidad hay un recorrido de empeños, una maravillosa maquinaria que acciona, que se levanta cada día a enfrentar los desafíos que trae la jornada y planificar.
Cada auspiciante es un proyecto concretado. Cada publicidad es una oferta de servicio.
Familia, trabajo, Dios. Cosas simples que la ciudad contiene en una cuadrícula más grande hecha por miles de miradas que se cruzan todo el tiempo.
Bienvenidas, familias, a El Apogeo de Derqui. Sus hijas e hijos han salido en este diario, abuelas y abuelos, padre y madre. Y así seguirá siendo hasta que Dios disponga.
Gracias por su apoyo y confianza. Acá sus historias valen.
















