El atentado que conmovió al mundo

Las Torres Gemelas se levantaban, majestuosas, en el distrito financiero de la ciudad de New York.

Las visité en dos oportunidades; la tercera, ya no estaban.

Fue en el mes de noviembre de 2001, apenas habían pasado poco más de dos meses del atentado, y el panorama era desolador, caótico, impresionante. Pasé por delante de un restaurante de comidas rápidas, las puertas estaban encadenadas y se podía ver, sobre las mesas, las bandejas individuales todavía con comida y cubiertas de cenizas.

Miles de papeles con dedicatorias, banderas norteamericanas, fotos de víctimas fueron prendidas en la tela negra que entornaba todo el extenso perímetro donde antes se encontraban las torres.

Ejército de hombres vestidos como astronautas limpiando piso por piso, comenzando por los últimos, toda la enorme cantidad de cenizas y escombros. Se decía que costaba mil dólares el metro cuadrado para limpiar cada edificio.

Por supuesto que estaban los, digamos ‘cholulos’, que se sacaban fotos con algún policía apostado en el lugar.

Centenares de obreros desarmando lo que quedaba de ambos edificios, cargando toneladas y toneladas de restos en pesados camiones.

Cuando aún estaban en pie, en la Torre 2 o Sur, un rápido ascensor llevaba a miles de turistas (80.000 visitantes por día) hasta el piso 107 donde se encontraba un amplio mirador, llamado Top of the World, que mostraba la ciudad en sus cuatro puntos cardinales. Allí había una confitería y vendían suvenires de todo tipo.

La segunda vez que concurrí nos dejaron subir, mediante una escalera mecánica, hasta la azotea (piso 110). El espectáculo era fascinante. En ese sector, todo el edificio estaba rodeado por una malla metálica para impedir que alguien se cayera o intentara suicidarse.

El hall del edificio estaba cubierto por banderas de la mayoría de los países del mundo.

En la mañana del once de setiembre, dos aviones se estrellaron, con una diferencia de dieciséis minutos, en cada una de las torres.

El mundo ya no sería el mismo. El ciudadano neoyorquino, acostumbrado a ver por televisión los ataques y desastres que sucedían en el resto del mundo, por primera vez era blanco de un atentado de enorme magnitud.

Ya no habría lugar seguro donde vivir.

El World Trade Center estaba formado, además, por otros cinco edificios. Las Torres fueron inauguradas en 1973 y era el edificio más alto del mundo.

Junto con ellas, se derrumbó el Edificio 7, de 47 pisos, y veinticinco edificios sufrieron daños de magnitud. Mucho de ellos fueron luego demolidos.

Hubo 6.000 heridos y 2.973 personas murieron, 4 de ellas eran argentinas.

Mucho se ha escrito sobre el atentado y se seguirá escribiendo. Quedará el misterio de lo que, realmente, pasó.

Recordemos que aún no se sabe quién y por qué mataron a Kennedy.

por Andrés Rosso, Abogado

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