“Escribo poesía en el papel, y en el espacio cuando estoy arriba del escenario, o abajo, en la tierra o en la plaza”

Ciela Asad le pone el cuerpo a la poesía, palabras a la realidad, une lo desfragmentado con la musicalidad del verso.

A los 8 años Ciela Asad ya sabía que iba a ser poeta. Se lo dijo a sus padres con toda la seriedad que el momento ameritaba. La belleza del otoño desprendiéndose en hojas marrones y amarillas, el rumor del viento acariciando el césped, la música de la lluvia llorando sobre los techos, el susurro de la voz amada diciendo nuestro nombre: la magia de la poesía requiere de guardianes que la protejan de lo mundano de la cotidianeidad.
Salimos a buscar a los que son los responsables de la magia de nuestro mundo. Nos encontramos con ella y su risa contagiosa, con su imparable sed de poner en palabras la vida, de hacerla palpable, transformable a través del arte.

“Era muy tímida de chica, por eso siempre escribí. Cuando comencé el profesorado nacional de expresión corporal tuve como una epifanía porque conjugaba todo lo que yo amaba: palabras, poesía, el cuerpo, el teatro. Me quedaba después de las horas de estudio investigando el tema de la palabra poética en el cuerpo y tuve docentes increíbles que se quedaban con nosotros charlando, viendo mis poemas, escuchando lo que me pasaba en el cuerpo, reflexionando sobre cuestiones de la voz, o realizando investigaciones corporales.»

Profesora de expresión corporal, pedagoga, poeta, actora, Ciela se brinda al otro con todo su ser, sin prejuicios. Su vida ligada a Castelar desde siempre – si bien otras tierras la vieron dar sus primeros pasos – la puso en el centro de la escena cultural de la localidad: en el corazón del club Mariano Moreno nos encontramos con el espacio cultural Vuelos, donde la magia es.

“Mi primer espectáculo fue Puesta en la escena y surgió luego de la investigación que te contaba. Así se llamó también mi primer libro porque Alberto Luis Ponzo me ve haciendo esta obra, que era muy performática, y cuando termina, se presenta como poeta y me dice ‘el público no puede no llevarse los poemas’. Entonces, me publicó él en una edición artesanal hermosísima. Ya después cuando hice mi segundo espectáculo, que se llamó las Palabras del puente, también salió el libro y así sucesivamente con los otros.»

– ¿Cómo es el camino de editar un libro?
– Difícil. Siempre me pregunté qué sentido tenía que yo pusiera dinero para publicar mis libros. Me parece absurdo. Es más, durante la presentación de mi último libro El ojo abre (lo presenté formalmente en la Biblioteca Nacional y de manera más descontracturada en el Centro Cultural de la Cooperación) dije claramente que sigue sorprendiéndome esto de sacar un libro, que vengan los amigos, que te digan que sos maravillosa… El camino hacia el poema es misterioso. Entonces, ¿quién puede decir si sos realmente bueno o no? Uno es un buscador de palabras, un hacedor de sentidos, de realidades. Pero también Alberto, con esa publicación que fue medio de prepo, lo que me hizo ver es que era tan necesario como poner el cuerpo en la escena, que era el único camino para llegar al otro; es como en el teatro: hasta que no sucede la mirada del espectador, no se completa la obra. Con la literatura es lo mismo: necesito que pase por mi cuerpo, a través de las performances o de la narración de los cuentos, en el caso de los niños. Mi mayor preocupación no es editar un libro sino el hacer: el hacer poético, el hacer escribiendo, el hacer subiéndome a un escenario o en una plaza.
Ciela también pertenece a la red Magdalenas, una red de mujeres que empezaron a ver esta cuestión de que los grandes maestros, los grandes pedagogos, todos eran hombres.

“Entonces decidieron crear una red de mujeres en arte porque las mujeres trabajan, están, hay pedagogas; las fueron a buscar a las periferias porque las movidas fuertes, eso lo sabemos todos, no siempre están en las grandes capitales. En las grandes capitales están las vidrieras pero en las periferias es en donde muchas veces pasan las cosas.»

– Sos una artista multifacética, ¿no?
– Toco algunos instrumentos pero eso es de caradura – dice y se ríe desde el alma –. Desde chiquita toco la guitarra y mis hijos me regalaron un violín porque siempre fue mi sueño. Imaginate, año setenta, vos decías que querías aprender a tocar un instrumento y te regalaban la guitarra, y yo soñaba con el violín. Convengamos que el teatro que yo hago no es el convencional. En una época en donde todo está tan fragmentado, todo es tan de retazos, eso se tiene que ver reflejado en el teatro en algún modo. Todo el tiempo nos alimentamos, formamos y crecemos a partir de la historia del teatro. Siempre hay una vuelta a las fuentes donde no había división entre el teatro y la danza, el bailarín era actor y el actor bailarín, cosa que para mí es clarísimo: yo no concibo al actor que no baile o al bailarín que no puede actuar, y no me digan si eso no es poesía. El teatro tiende a lo multidisciplinario, a lo multifacético, pero no a hacer las cosas por hacerlas sino como construcción de las múltiples realidades que uno vive cada día, cada instante.
Su último espectáculo, Belleza y escándalo, es un poema dramático sobre el tema del abuso desde todas sus formas: psicológico, moral, físico, y la posible o no transformación o sanación a través del arte, a través del diálogo con el espíritu creativo. Aborda el tema de una manera absolutamente poética y para nada literal.
– Contame del proceso creativo, del camino hacia el poema.
– Adoro los procesos creativos que en mi caso no duran menos de dos años. Es teatro de búsqueda, de investigación, de ir por caminos inexplorados, tratar de que sea un despertador para uno y si es para uno será para los demás. Una vez que se estrena la obra, ahí empieza otra etapa: la del diálogo con el público. El espectáculo empieza a crecer y empieza otro proceso y eso está buenísimo. Lo que comienza a suceder en vivo con el público transforma todo, hace que haya silencios más largos donde antes eran más cortitos, o que sea más intensa una emoción que otra. Algo sucede con la energía de las personas; el tema no son los lugares, ni siquiera las personas, sino lo que sucede entre ellas. Con el poema escrito, es limpiar, descomprimir, quedarse en silencio frente a una palabra y esperar, esperar, saber si tiene que quedarse o irse es cuestión de tiempo, como el amor.
– ¿Qué es el método Kuvera?
– Es un camino de autodescubrimiento, de entrenamiento para el cuerpo; desde el cuerpo para el desenvolvimiento de la propia capacidad creativa. Me di cuenta a través de mi experiencia con la antropología corporal, la antropología teatral, yoga, meditación, teatro, poesía y expresión corporal, que ahí hay herramientas para la vida. Necesité hacer mi propia síntesis, y así nació Kuvera. Es maravilloso porque, con mucho respeto al otro, se lo acompaña a que salga de lugares conocidos a través de caminatas meditativas, ejercicios apoyados en la poesía, que es de verdad sanadora, y no lo digo yo, está dicho por especialistas, neurocientíficos: trabajás con los dos hemisferios cerebrales poniendo el cuerpo, saltás barreras, soltás la creatividad y no necesariamente para ser actor, bailarín o escritor sino para ser un ser humano cada vez más feliz.
Poesía, teatro, familia. No somos sin los que nos engendraron y engendramos, porque ahí también reside la magia: en esos seres que nos llenan de sentido, amor, sensibilidad.

“¡Mi hija Maia es una actrisaza! Es una clown impresionante. Mi hijo Dante hace dibujos animados, vive en Alemania. Son unos genios los dos, divinos. Una familia muy divertida la mía; mi compañero, Daniel Cuzzolino, también es actor, es clown. No nos aburrimos nunca. Cuando era muy jovencita me enojaban mucho algunas cosas de mi familia de origen, ahora siento un agradecimiento tan grande porque si no hubiera tenido esta familia, medio gitana, tan pasional (tía trapecista, tíos bailares de tango, mi abuelo un militante peronista de la época de la resistencia muy comprometido, pero al mismo tiempo un payaso en las fiestas familiares que hacia números increíbles para toda la familia) no sería quien soy”, reflexiona mientras se emociona.

– ¿Cómo definiría Ciela Asad a Ciela Asad?
– Soy poeta, tengo un perfil juglaresco. La poesía es una ventana para ver y crear mundos. Escribo poesía en el papel, y en el espacio cuando estoy arriba del escenario, o abajo, en la tierra o en la plaza.
De fondo, gritos de niños, la calle viva en los autos que pasan, en los colectivos llenos de sueños, la plaza riendo en las hamacas y los toboganes. La poesía diaria que sería ordinaria sin los poetas que con sus palabras mágicas despiertan la belleza dormida frente a nuestros ojos.

por Noelia Venier

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