Hay gente tan necesaria

Cinco estudiantes de Arquitectura de la Universidad de Morón le pusieron el cuerpo a la problemática de la vivienda.

Por Noelia Venier

Son muchos los argentinos que no viven en condiciones habitacionales dignas: 3,5 millones de viviendas tienen problemas de calidad y 1,5 millones es la cantidad de casas que se necesitaría construir, según estimaciones de la Subsecretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda de la Nación. Sin embargo, son pocos los argentinos que se comprometen con esa realidad.

Érika Chait, Federico Smokvina, Stefania Pagliaro, Sergio Acevedo y Federico Birckenstaedt viajaron 1000 kilómetros en tres oportunidades hasta el paraje El Molle, a 70 kilómetros de Campo Gallo, Santiago del Estero, para construir un techo digno teniendo en cuenta y respetando la forma de vivir y la cuestión climática, única regla para hacer una casa eficiente en medio del monte. Yolanda Gonzales los esperaba con sus 6 hijos en medio del calor y el polvo.

Érika: – La universidad nos propuso, como tema de nuestra tesis, realizar un módulo habitacional o comercial o sanitario para un lugar con degradación social y ambiental. Tardamos 6 meses en preparar todo.

Stefania: – Guiados por nuestro tutor, Alejandro Lowus, hablamos con gente de una fundación de Buenos Aires que colaboraba con el lugar y nos ayudó a tener contacto antes de viajar. En el lugar hay cero conexión a Internet o cualquier otra forma de comunicación. El proyecto en sí lo arrancamos el 1 de mayo, cuando viajamos por primera vez, hablamos con la gente, con el padre Joaquín Giangreco, que fue quien reunió a la gente del lugar que nos ayudó a construir.

Federico Smokvina: – Durante ese primer viaje, nos costó llegar a la gente y que nos creyeran qué era lo que íbamos a hacer, que se involucraran; costó generar confianza y la comunión para empezar a trabajar juntos. Lo que más rescato, además de haber construido la casa en 14 días, es la experiencia que vivimos.

– ¿De quiénes recibieron ayuda?

Érika: – Participamos del Concurso TIL (Taller de Integración Latinoamericano). Salimos segundos y ganamos $20.000.- por el premio que se llama “Por la dignidad social de los pueblos”, además hicimos rifas, pedimos prestado mucho. Hubo empresas que nos donaron lo que pudieron. La idea fue poder llevar desde acá la mayor cantidad de recursos. De la casa usamos los rollizos para hacer las bases, las chapas para hacer el cerramiento vertical, la corteza de los árboles para poner en la parte inferior y se usó adobe que donó un señor del lugar al que le pagamos la mano de obra.

Federico S.: – De la misma manera que los pobladores del paraje no nos creían los primeros días, igual pasó acá: no nos creían que íbamos a construir una casa como la que terminamos construyendo. Prefabricamos muchas de las cosas para acelerar los tiempos.

Érika: – No llegamos a conseguir paneles solares para que tengan electricidad. Salen tan caros como el módulo entero. Dejamos la instalación armada para que cuando algún día se consigan, se puedan conectar.

– Además de ustedes cinco, ¿viajó alguien más para ayudarlos?

Stefania: – Viajamos con familiares, amigos, conocidos, que se coparon cuando les contamos: Juan Gustavo Lagatta, Juan Gustavo Solalinde, Felipe ‘Prolijo’ Escobar, Adrián Chiste (responsable de Flydream Films y quien realizó el documental Campo Gallo que pueden encontrar en YouTube) y Walter Acevedo. Querían colaborar de alguna manera.

Federico S.: – Por ejemplo, dos de estas personas llevaron sus camionetas posibilitando el traslado desde El Molle hacia Campo Gallo, y viceversa. De hecho, gracias a ellos pudimos hacerlo. De alguna manera no tomamos suficiente dimensión en ese primer viaje…

– ¿Cuáles fueron las mayores dificultades con las que se encontraron?

Stefania: – Creo que la principal fue el clima. No podíamos trabajar de corrido por el terrible calor, por eso la siesta es obligatoria. La distancia o los primeros días que no nos creían lo que íbamos a hacer. Pero el cariño excedió el objetivo de la tesis. Me permito hablar por todos. Ninguno había vivido una experiencia así, y dudo que volvamos a vivirla, por más que viajemos, hagamos otras casas. Emocionalmente también nos superó la realidad que vivimos… No podemos creer que sea el mismo país, en la misma época, mismo idioma; son realidades que no nos imaginamos.

– Supongo que la idea es que este módulo se pueda construir en otros lugares, ¿es viable hacer este tipo de construcciones?

Federico S.: – En la obra gastamos $270.000 en materiales, $113.000 en logística y combustible pero cero peso en mano de obra. El producto que elaboramos es un módulo súper industrializado, pero lo que proponemos es que se realice con los materiales que ellos ya tienen. Todo lo que usamos se puede hacer con la madera que está ahí, con los sistemas que ya conocen. Ese es el objetivo: que con el mismo material con el que hacen una casa precaria, pueden tener una vivienda digna. Eso es lo que hace innovadora a la propuesta.

Stefania: – Y que se puede replicar en cualquier lugar.

Erica: – Nosotros pusimos el conocimiento para hacer una vivienda saludable y que les genere bienestar pero todo se adaptó a sus costumbres.

“Hay gente que con sólo dar la mano / rompe la soledad, pone la mesa, / sirve el puchero, coloca las guirnaldas. / Que con sólo empuñar una guitarra / hace una sinfonía de entrecasa. / Hay gente que con sólo abrir la boca / llega hasta todos los límites del alma, / alimenta una flor, inventa sueños, / hace cantar el vino en las tinajas / y se queda después, como si nada. / Hay gente que es así, tan necesaria.” (Hamlet Lima Quintana)

De izquierda a derecha: Federico Birckenstaedt, Stefania Pagliaro, Federico Smokvina, Érika Chait y Sergio Acevedo, los cinco egresados de Arquitectura de la Universidad de Morón que construyeron un módulo habitacional en el paraje El Molle, Campo Gallo, Santiago del Estero.
De izquierda a derecha: Federico Birckenstaedt, Stefania Pagliaro, Federico Smokvina, Érika Chait y Sergio Acevedo, los cinco egresados de Arquitectura de la Universidad de Morón que construyeron un módulo habitacional en el paraje El Molle, Campo Gallo, Santiago del Estero.
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