Miguel “Rusito” Fernández es ingeniero y profesor de Física, nacido y criado en José C. Paz, durante muchos años estuvo al frente de un aula y actualmente está en la gestión educativa coordinando tres escuelas. Hace poco escribió su libro Retazos, con ilustraciones de Luís “El Renzo” Layco y el acompañamiento de El Bodegón Ediciones.

“Cuando estoy en una situación de cambio, quiero generar un movimiento en mi cabeza que me exija, que me ponga en una situación nueva. A mí escribir siempre me gustó, así que cuando empecé a tener un poco de tiempo libre dije: ‘Me voy a desafiar’; y empecé a ir a un taller literario”.
Nos cuenta que así fue aprendiendo a leer literatura y a leer poesía.
Hombre paceño, nacido en José C. Paz, donde vivió hasta los 25 años. De hecho, una de las escuelas que coordina está en pleno centro de la vecina ciudad, el Instituto Evangélico Americano.
“Yo fui alumno de esa misma escuela, hoy te diría que buena parte de José C. Paz es desconocida para mí. Calculá que de la casa de mi mamá, cuando yo era pibe, dos cuadras más allá de la estación era todo campo, alambrados, caballos, vaquitas”, comparte como si estuviera describiendo una pintura.
Miguel tiene 65 años, nació en plena Revolución Libertadora, “tengo suficientes años como para haber vivido el funeral de Perón, la dictadura, he llorado de cobardía ante la realidad del amigo ausente. He jugado en la calle, he tomado la leche, me escondí lastimado para evitar un reto. He comido polenta, he dormido con frío. He perdido a las cartas, pero amé a mis amigos. Jugué a la bolita. Me han dado una trompada, he tocado un timbre y corrido”.
Así se describe este colega escritor cuyos poemas reunidos en su último libro, Retazos, interpelan la soledad, rozan el amor, abordan las cuestiones de género y sufren con las injusticias sociales.

“Escribo raro, todavía estoy aprendiendo, pero me gusta la poesía. También me gusta buscar las rimas y la musicalidad de aquello que puedo transmitir, de las imágenes que puedo crear, de las emociones que se ponen en juego”.
En Retazos, la poesía intenta concretar un viaje desde una página hacia el alma de quien lee.
“Pienso que la vida nos presenta una gran mesa de retazos, cada uno se puede entender como una oportunidad o una situación de aprendizaje, de tal modo que se van cosiendo unos con otros, constituyendo nuestra persona”, desgrana Miguel desde la contratapa de la obra.
“Hemos escuchado y leído que somos lo que hemos vivido, pero también somos lo que no hemos elegido. Pienso, como humilde escribidor, que las experiencias de otras y otros son el germen que da origen a los poemas y los cuentos”, afirma desde una de las mesas de la Librería El Bodegón en Derqui este ingeniero y docente, que además es papá de dos hijas mujeres y un varón, y abuelo de dos nietas.
“Humildemente, sin sentirme poeta ni mucho menos, creo que en la poesía está eso, el intento de unir las emociones con palabras que, obviamente, siempre son insuficientes, precarias. Mañana uno vuelve a escribir sobre la misma emoción y sale algo diferente”.
La vida pasa. El libro queda.






