Los verdaderos héroes en todo este lío

Jorge Rossini está por sacar su primer libro Relatos de juventud. Aquí, una carta abierta a todos los médicos (en especial a su hijo) que día a día le ponen el cuerpo a la pandemia.

Carta a un súper héroe con barbijo

Este super héroe no necesita super poderes extraterrestres, ni correr o volar más rápido que una locomotora, ni lanzar telas de araña de sus muñecas, ni andar en Batimóvil ni tener máscara alguna, simplemente su máscara es un barbijo, su súper poder es su vocación y el poder de su corazón, y las únicas armas que tiene son sus manos para sostener su bisturí firme dentro de un frío quirófano de hospital y salvar la vida a su paciente, sin saber si es millonario, indigente, policía o delincuente, simplemente para él es un ser humano que tiene derecho a la vida y él tiene el deber de poder salvar esa vida por su vocación y su promesa a Dios y al Universo.

Es mi héroe desde el primer día de su vida, cuando lo tuve en brazos y dió sus primeros gritos; es mi héroe desde que balbuceó sus primeras palabras, desde que escribió sus primeras letras, cuando dio sus primeros pasos y pateó su primera pelota de fútbol. Es mi héroe desde que iba a estudiar viajando en transporte público en hora pico para poder llegar a la universidad pública, por suerte una de la más prestigiosa del país y también del mundo, y circular por largos pasillos sin luces, subir diez pisos por escalera más de una vez, llegar al aula gigantezca sin calefacción y mucho menos sin aire acondicionado; todo eso quedaba en segundo plano gracias al nivel humano de los docentes que forjaron a estudiantes de primer nivel. Es mi héroe desde el día que recibió su diploma y con lágrimas en los ojos le pude dar un abrazo orgulloso por su logro.

Detrás de ese barbijo se esconde mucho sacrificio: no dormir durante 36 o 48 horas por las guardias, no comer en horario adecuado y descansar en lugares cómodos, muy por el contrario, compartidos con dos o tres colegas, casi hacinados en un cuarto de 2×2 con cuatro o seis cuchetas con colchones sin sábanas; improvisar más de una vez los insumos que nunca llegan a tiempo para las intervenciones quirurgicas…

Quiero darle las gracias a este héroe de parte de los centenares  pacientes a los que les salvó la vida, aún con riesgo de su propia salud en esta época de pandemia y seguramente en otras situaciones similares. A veces la ingratitud de la gente y del sistema en general hacen que uno quiera bajar los brazos pero su corazón y su nobleza no se lo permiten.

Como él seguramente hay miles de héroes anónimos en Argentina y en el mundo, pero yo quiero darle mi reconocimiento especial porque este héroe, este héroe… es mi hijo.                     

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