
Son tiempos difíciles donde hasta la solidaridad pareciera esconderse. Sin embargo, la historia del mundo nos repite: “Esto ya pasó antes. La esperanza no morirá jamás. Siempre volverá a brillar la luz de la fe y habrá manos que se tiendan en mitad de las tormentas”.
“La propiedad es mía, estaba usurpada, y cuando la recuperé me dije que quería hacer algo distinto, poder lograr un espacio para la comunidad, creo que eso es algo que vino de Dios, un deseo que puso en mi corazón”, cuenta Lucía Irigoyen a El Apogeo Diario.
Día de sol, feria americana, grupo de manos solidarias en pos de un proyecto.
“Cuando era chica soñaba con poner un hogar y ese sueño quedó. Después me encontré con gente que tenía el mismo sueño y me dije ‘Che, pero yo tengo un lugar, hay que ampliarlo, hay que mejorarlo, pero tengo un lugar’”.
Durante todo un año fueron desarrollando el proyecto, juntándose con gente que tuvo hogares, que podía sumar ideas, todo muy a pulmón, pero empezaron.
“En el medio nos estafaron, pasamos obstáculos, pero con pequeñas donaciones fuimos arrancando la obra… y todo lo que se ve hasta ahora, todo, es gracias a la ayuda de la comunidad”, cuenta orgullosa.
Feria de ropa, torneos de fútbol, jornadas con voluntarios, donaciones, rifas, la misma comunidad fue siendo parte de esto, “ya estamos terminando lo legal, todo bien encarado como una Asociación Civil, empezamos tres y ahora somos un montón”.
Seguramente esta es una primera nota de tantas que vendrán. El hogar de niños El Abrazo está siendo construido en América y Nicaragua, el sueño es prender una lucecita más en el Barrio Toro.















