Recordar significa volver a pasar por el corazón

Una vez por mes, un domingo al mediodía, Castelar se viste de rojo y amarillo.

Hay olor a mar prendido de la lluvia que cae afuera en el patio. En las voces se escucha el rumor de las costas de un territorio bañado por el Mediterráneo que fue testigo del adiós de cientos; a poblar otras tierras lejanas partieron. Hubo olor a despedida en el puerto sitiado por la guerra y la dictadura; por eso es que muchos se fueron. Una bandera roja y amarilla envolvió los corazones. Entre las pertenencias guardaron las memorias que los enraizarían por siempre a la tierra que dejaban detrás. Los esperaba un país creciendo en la anchura de la pampa sembrada de libertad.

Es domingo… y llueve. En el salón enorme, las mesas preparadas, se acomodan los que llegaron desde España, los que fueron paridos en Argentina, los pequeños para los que la Guerra Civil es algo que aprenderán de sus abuelos; tal vez, algún día en la escuela. Trajeron en la sangre el sabor de la comida; en la boca, un lenguaje que se aferra al paso del tiempo, que sobrevive de generación en generación; en la mirada, la dignidad del inmigrante.

En Castelar, sobre la calle Machado (1560), se encuentra  Les Quatre Barres, el segundo casal (club) catalán del país.  Javier Varea Balbona es el presidente desde hace dos años.

“He pasado por todos los cargos,” asegura. “Soy uno de los fundadores, entre otros, junto con mi padre, Gregorio Varea. Tenía 18 años cuando lo inauguramos en 1960. Nací en Barcelona en 1942 y me crié allí hasta los 13 años. Tuvimos que salir exiliados porque el dictador Franco mató a uno de mis tíos. Sentimos un gran amor por Cataluña. Y estamos orgullosos de Argentina que nos cobijó. Mi esposa y mis tres  hijos son argentinos; y de los siete nietos, seis son argentinos y uno es catalán.”

El primer casal nació en el  año 1886 con el objetivo de abrazar a aquellas personas que venían de Cataluña, ayudarlas a integrarse a la nueva sociedad donde habían llegado y hacerlas sentir acompañadas por otros catalanes que ya residían en Buenos Aires.

“Está en Chacabuco casi esquina Estados Unidos. Como nos quedaba muy lejos, decidimos formar un casal en el Oeste. Así fue cómo juntamos el dinero y compramos este terreno. Una vez por mes, hacemos paella. Además, entre otras actividades, se dan clases gratis de catalán, bolillos, hay un coro”, cuenta entusiasmado Javier.

En la mesas todos tienen un recuerdo para compartir. Es que cuando nombramos, cuando recordamos, nuestro corazón se entibia y le da forma a personas y momentos que se sientan a nuestro lado, por ejemplo, un domingo lluvioso en medio del almuerzo.

Mi padre fue uno de los que pusieron los primeros ladrillos. Se llamaba Agustín Sentis. Él siempre me habló en catalán y mi madre, en castellano. Ellos fueron los únicos que vinieron de su familia. El resto se quedó. Cuando en el 2002 tuve la oportunidad de ir a España y conocí a la familia que tenía allá, ellos pensaron que ya había estado antes… es que lo llevo adentro, lo que sembraron creció. Mi sangre es catalana y mi oxígeno, argentino”, comparte María del Carmen Sentis.

Rosel Mañar escucha atenta, ansiosa por contarnos qué significa para ella este lugar.

El casal cumple la función de unir a los que hace muchos años estamos acá, para que podamos seguir manteniendo la lengua y las costumbres. La emoción de continuar con las tradiciones crea lazos. Nuestros hijos y los que nos siguen son argentinos, entonces les transmitimos ese amor por nuestra tierra.”

Cuenta la historia la leyenda de las cuatro barras. Guifré I, conde de Barcelona, cayó herido en un combate contra los normandos; peleaba junto con los franceses. Al caer, el rey francés Carlos II el Calvo (823-877) le ofreció una recompensa y el conde de Barcelona decidió que quería un escudo que lo distinguiera. El rey mojó sus cuatro dedos en la sangre que brotaba de las heridas de Guifré I y los deslizó sobre el escudo dorado del conde de Barcelona. Eso cuenta la leyenda…

Hay otra historia. La tejen los hombres y las mujeres cuando comparten retazos de su tierra entre charlas y copas de vino, mezclada en la comida, flotando en el aire que suavemente acuna a todos en el vaivén de sus mediterráneas olas.

por Noelia Venier


Les Quatre Barres, Casal Catalán. Machado 1560, Castelar. Tel.: 4627-0504 / 5434-8117. Próximas paellas: 11 de junio, 9 de julio, 13 de agosto, 10 de septiembre, 1 de octubre, 5 de noviembre y 3 de diciembre. (Llamar antes para reservar.)
Les Quatre Barres, Casal Catalán. Machado 1560, Castelar. Tel.: 4627-0504 / 5434-8117. Próximas paellas: 11 de junio, 9 de julio, 13 de agosto, 10 de septiembre, 1 de octubre, 5 de noviembre y 3 de diciembre. (Llamar antes para reservar.)
“He pasado por todos los cargos,” asegura. “Soy uno de los fundadores, entre otros, junto con mi padre, Gregorio Varea. Tenía 18 años cuando lo inauguramos en 1960", nos cuenta Javier Varea Balbona junto a Rosel Mañar.
“He pasado por todos los cargos,” asegura. “Soy uno de los fundadores, entre otros, junto con mi padre, Gregorio Varea. Tenía 18 años cuando lo inauguramos en 1960″, nos cuenta Javier Varea Balbona junto a Rosel Mañar.
“Mi padre fue uno de los que pusieron los primeros ladrillos. Se llamaba Agustín Sentis. Él siempre me habló en catalán y mi madre, en castellano. Ellos fueron los únicos que vinieron de su familia. El resto se quedó. Cuando en el 2002 tuve la oportunidad de ir a España y conocí a la familia que tenía allá, ellos pensaron que ya había estado antes… es que lo llevo adentro, lo que sembraron creció. Mi sangre es catalana y mi oxígeno, argentino”, comparte María del Carmen Sentis.
“Mi padre fue uno de los que pusieron los primeros ladrillos. Se llamaba Agustín Sentis. Él siempre me habló en catalán y mi madre, en castellano. Ellos fueron los únicos que vinieron de su familia. El resto se quedó. Cuando en el 2002 tuve la oportunidad de ir a España y conocí a la familia que tenía allá, ellos pensaron que ya había estado antes… es que lo llevo adentro, lo que sembraron creció. Mi sangre es catalana y mi oxígeno, argentino”, comparte María del Carmen Sentis.
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