Las calles se llenan de colores y palabras inquietas cuando todos plantamos la semilla del compromiso con lo que es nuestro.
¿Qué sería de nuestras ciudades sin el arte callejero inundando las paredes desnudas de fábricas muertas que supieron ser el centro de la vida de un barrio? Arte y cultura se conjugan como forma de trascender y de mostrar el alma de nuestras humildes ciudades; de a poco se han transformado en la bandera de muchos que caminan las calles desoladas buscando la belleza que se esconde en cada baldosa, detrás de cada árbol, sobre los ladrillos húmedos de las casas eternas. Así nos encontramos con Stella Cagnoni y Nicolás Gómez, madre e hijo se pusieron al hombro la cultura y la andan contagiando por un barrio de Morón Sur.
Stella, jubilada en plan de disfrutar de su hogar y de su nieta Felicitas, nos cuenta que todo surgió por una idea de Nicolás de reforestar la cuadra en la que viven (Charcas esquina Córdoba).
“Los jóvenes son los que empujan y nosotros vamos de atrás. Él empezó hace 5 meses con la idea de renovar el barrio porque, indudablemente, si uno quiere al barrio, lo cuida. Entonces, escribió a la municipalidad, habló, peleó, discutió y yo desde atrás apoyando con todas las ganas. Y por suerte, lo conseguimos. La semana pasada nos trajeron los 15 árboles que habíamos pedido para la calle Acha, y los tuvimos que plantar nosotros dos. Yo con mi 63 años, no me considero vieja pero si una señora mayor; con el empuje de él, no te podes quedar, porque ves que tiene toda la fuerza.”
El eco de la risa de Stella retumba en la charla y sigue narrando sus ganas.
“Hay un proyecto de hacer un mural con los chicos y después me gustó lo de Acción Poética Morón y le pedí a los chicos que vinieran porque no hay mejor cosa que tener las paredes escritas no con frases espantosas, sino con cosas lindas. Y lo que estamos haciendo es contagiar, lo mejor que puede pasar es que todos se contagian.”
Nicolás, 26 años, un trotamundos, ceba mates mientras escucha a su madre describir el arduo camino por el que transitaron hasta lograr el objetivo. Muchas vueltas por el mundo lo devolvieron distinto, cambiado, con preguntas que desataron conflictos, porque los artistas tienen la inquietud instalada en el alma.
“Siempre intento dialogar con mis recuerdos románticos de la infancia con respecto de mi barrio, es que soy muy joven para ser tanguero… entonces me pregunto si aquello que estaba mejor que esto era verdad o es sólo un recuerdo de la infancia. Tengo una eterna discusión con eso, y no creo estar errado, no creo que las cosas estén mejor en mi barrio. Si hay algo que soy es inquieto entonces me cuestiono qué es lo que puedo hacer. En principio se me ocurrió plantar árboles, es lo que tengo al alcance de la mano. Y me puse hacerlo. Lo que yo intentaba hacer no era mejorar el barrio. No lo estoy tratando de arreglar, de embellecer, ¡estoy tratando de que no me lo destruyan! Cuando yo estaba en otros países, le vendía a la gente mi barrio, Morón, como algo extraordinario. Cuando el Estado no hace, lo tenés que hacer vos.”
Estudió en el IUNA, pero reconoce que el empujón sincero se lo dio Luis Debairosmoura, profesor a cuyo taller concurrió durante dos años y que le dio las herramientas para transformar al arte en un medio de expresión cotidiano, no solamente estética plasmada en galerías de arte para pocos.
“La idea del mural surgió de esta discusión con mis amigos de la zona, con mis colegas, sobre no poder tener cosas de calidad en nuestros barrios. ¿Por qué tenemos que ir a Capital para ver cosas apreciables? Entonces pensamos en un lugar muy especial, una estructura de la década del setenta, un monstruo de esos que se construían antes, una masa estéticamente preciosa en estado de abandono. Cuando tenía que dar un dato referencial sobre donde vivía, decía en la Sancor; ahí es a dónde queremos hacer el mural porque es un mojón del barrio. La idea es intervenirla con un amigo fotógrafo, de Castelar, y él también tiene esa dicotomía: ¿a dónde mostramos lo que hacemos? Así que se nos ocurrió hacer algo de gran escala, con impacto visual y con un mensaje que sea de fácil interpretación pero que no subestime a la gente; el mural sería en blanco y negro, con un lenguaje simple, gráfico que no carezca de preciosismo estético.”
– ¿Qué es la cultura para vos?
– Mi mitología corresponde al barrio: me inspiro en el ciruja que pasa con el perro, el sordomudo. Esos son mis fantasmas. Cultura es mi barrio.
La tarde cae entre mate y mate, proyectos y sueños. Diego Rivera, gran muralista mejicano, afirmaba que “el artista es un humilde obrero esencial en el organismo social y que el arte no le corresponde únicamente al rico, único capaz que le entenderlo, único capaz de pagarlo, de comprarlo. Por tanto el arte, puesto que es una actividad esencial para la vida humana, no puede ser ni es privilegio de unos cuantos.» Estaría de acuerdo con nosotros el señor Diego Rivera si decimos, entonces, que el arte es de todos los que se pongan la cultura al hombro.
por Noelia Venier















