Tercer domingo de octubre, Día de la Madre

Un sentimiento que se expresa de mil formas diferentes, que va y viene del corazón al alma, del abrazo a la ausencia. Compartimos dos poesías escritas por nuestra gente.

Mamá

Por Ailén Manzano

Mamá, en la luz de la mañana, tu risa se despliega como flores en un prado, donde el sol despierta para acariciar el día.   

Recuerdos de tu voz, una melodía que baila entre los ecos de la infancia, las historias susurradas en las noches tranquilas, tejiendo sueños de estrellas.   

Tus manos, mapas de amor, cada surco cuenta las horas compartidas, las luchas y los abrazos, la esperanza que brota de cada día vivido.   

Mamá, con tu abrazo, el mundo se aquieta, los miedos se disipan, como sombras al amanecer y el hogar se viste de paz.   

Eres el refugio, el abrigo del alma, la calidez de un plato de sopa, el sabor a hogar que nunca se olvida.   

Los días pasan, como hojas en otoño, pero tu amor, firme como roble, prospera en cada rincón, en cada palabra compartida.   

Mamá, las pequeñas cosas, conversaciones suaves, risas a medias, son el hilo dorado que une cada momento, la esencia de lo cotidiano.   

Eres la voz que guía, la brújula en tormenta, tu sabiduría florece en cada decisión, cada elección, porque en ti resuena la historia de nuestras vidas.   

Así es, Mamá, un poema escrito en los latidos del tiempo, en cada paso que damos en esta danza de la vida, y aunque el futuro traiga sus sombras y giros, nunca dejaré de buscar tu luz, mi eterna estrella.

Mañana rezaré en el templo

Por Héctor Sarco

Mañana miraré tu foto, la que guardo en silencio. Mañana pensaré en tus ojos. Mañana rezaré en el templo.

Mañana cuando vayan riendo mis hijos, es decir, tus nietos, a besar y saludar a su madre felices y contentos, apretaré en mis labios un Dios te salve y apretaré un dolor acá en mi pecho.

Mañana cuando todo el mundo se confunda en un beso, yo inclinaré la frente lentamente y lentamente miraré el cielo.

Mañana rezaré en el templo. Mañana rezaré en silencio. Mañana pensaré en tus ojos. Mañana sonreiré con ellos.

Mañana enfrentaré la muerte y te juro mamá que si me atrevo, tomándole las manos le diré que proteja tu cuerpo. El cuerpo que una vez sentí latir bien desde adentro cuando en un diciembre me engendró y me dio a luz en un invierno.

Mañana te prometo, vieja, que si puedo hacer lo que yo siento, apretaré mil flores en mis manos y marcharé a tu encuentro.

Mañana yo quisiera verte cuando rece en silencio… Cuando tenga apretado en mis labios un Dios te salve pleno… Mañana, cuando esté en el templo.

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