Uno es uno con otros, solo no es nadie

Cuatro mujeres reunidas por un programa radial llamado A la sombra del naranjo y esa manía irremediable de llegar a los demás a través de las palabras.

Somos cuerpos atravesados por lo que nos rodea, por los que nos rodean, los otros. Somos espíritu atesorado bajo la piel latiendo al compás de la Tierra, somos miradas y risas y también palabras, decires, cantares…
Cristina fue docente, psicóloga social, ahora como jubilada desempeña el mejor de los trabajos: abuela; Estela también es docente y terapeuta corporal; Cuki, psicóloga social, y bailadora de flamenco; Ester, jubilada, era enfermera, de esas que traen niños a poblar este maravilloso mundo. Todas viven en Haedo – menos Cristina que vive en Caseros –; ellas son las que todos los jueves de 19 a 20 hs. por FM Oeste 106.9, se juntan ‘A la sombra del naranjo’ para desenredar el enmarañado ovillo de ser cuerpos.

“El programa, en su forma original, surgió pensando en la construcción corporal; cómo se construyen en nuestra sociedad los cuerpos, cómo están atravesados. La idea es salir de la noción básica y simplista del cuerpo como objeto o como símbolo solamente sexual”, cuenta Cuki, creadora del programa. “Hace 6 años que salimos al aire, fuimos mudándonos de día y horario, hasta llegar al actual, y otras personas me acompañaron hasta que finalmente las chicas que están hoy llegaron. La idea siempre fue construir otro pensamiento.”

“La última en llegar fui yo”, agrega Cristina. “El año pasado vine de invitada en varias oportunidades y les había dicho que en cuanto me jubilara me tenían todos los programas. Y así fue, a los dos días que me salió la jubilación ya estaba acá. Como este año se cumplieron los 100 años del nacimiento de Cortázar, me aboqué a eso. Leí textos, los comparé con situaciones actuales, algo que me pegó en la semana lo comparé con algo ya escrito por este autor maravilloso. A partir de ahora, seguiré con otros autores. Voy a ir salpicando.”

El programa se define a partir de cuatro ejes: el cuerpo, el arte, la comunicación y el derecho; a partir de estos es que cada una de las integrantes asume un rol, que si bien puede variar de programa en programa, se ajusta a los gustos de cada una de sus integrantes. Cuki se encarga de la editorial y de la organización, Cristina de lo relacionado con la literatura, Ester está más afianzada en lo social-político, a veces trae cosas de arte, y Estela se aboca a los temas sobre espiritualidad, metafísica, y las neurociencias.

“No nos deja de sorprender el hecho de que aunque los roles no estén explícitamente definidos, cada una desde la personalidad los asume”, cuenta Estela mientras la tarde se va entre mate y mate, y agrega que “a pesar de que no nos ponemos de acuerdo para hablar de tal o cual tema, de todas manera se da la sincronía, increíblemente, y siempre se relaciona mágicamente lo que cada una de nosotras va a decir”.

“Vemos el cuerpo, a veces no en forma directa sino indirectamente, desde todos los ámbitos. Cómo nos atraviesan los procesos políticos, la espiritualidad, el cambio, el arte como transformador, cómo éste nos representa, y fundamental la construcción de otro pensamiento. Salir del pensamiento hegemónico y estereotipado requiere de todas nosotras cintura, aceptar las diferencias, los distintos puntos de vista”, aporta Cuki.

También hay música linda, variada, de todo tipo, latinoamericana, a veces jazz, rock… Las han visitado de una biblioteca para ciegos, chicos de escuelas primarias y secundarias, escritores. Compartir y aceptar el pensamiento distinto es la base sobre la cual construirnos; encontrar placer y satisfacción en ese construir con el otro llena estos cuerpos que hemos venido a habitar.

“Básicamente el programa me llena de placer porque puedo estar con ellas. Con Cuki queríamos hacer algo, ya habíamos compartido cosas pero era otro tipo de trabajo en otros espacios; así que me llena de alegría poder estar en este programa”, cuenta Cristina.

“También habrás descubierto lo maravilloso que es estar conmigo”, bromea Estela – y la risa de Cristina se hace cómplice -, y agrega que para ella “es un espacio de placer y de construcción entre todas. Me encanta el desafío de tener que hacer un recorte de lo que nos parece más importante para decir y que el otro escuche”.

“La cosa fundamental es pensar esto como un servicio creativo al otro, no en implantar plantitas en la cabeza de la gente sino estimular el pensamiento y esto es lo más difícil. Implica corrernos del lugar del egocentrismo para que el otro tenga lugar. El programa se hace con el sentido de que alguien escuche, no importa si son muchos o uno, ese uno va a multiplicar. Despacito se va construyendo”, confiesa Cuki. “De a poco se va expandiendo, como trabajo de hormiga, tenemos nuestros oyentes fieles.”

Todas coinciden en que Haedo es uno de los mejores lugares para vivir y que no podrían mudarse a ningún otro lugar del mundo: los violetas rosados de atardeceres apacibles en la estación de trenes, las veredas pobladas de tilos antiquísimos, la frondosidad del verde estrepitoso de las hojas del verano, hacen inimaginable el vivir en otro lugar.

“No podría vivir en otro lugar del mundo que no sea Argentina, y de mi país, en ningún otro lugar que no sea Haedo. ¡Creo que tenemos tantas cosas y siempre estamos mirando lo que falta! Me parece que tenemos que madurar un poco como pueblo”, suspira Estela y las palabras toman cuerpo y se funden en la aguja del reloj que anuncia el final de la tarde.

por Noelia Venier

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