Al barrio lo cuidamos entre todos

La esquina es sagrada, las cuadras que rodean tu casa, el lugar donde juegan tus hijos y nietos, donde trabajamos todos los días.

El barrio tiene la esquina y la esquina tiene su gente. Gente nuestra para siempre. Gente que merece ser honrada con el cariño diario, con el abrazo a toda hora.

Para que la sonrisa sea y para que sea así como el sol de la mañana que entra por la ventana en balde, un chapuzón de luz, una postrimería.

Nuestros mayores viven en nosotros, son aquellos que llegaron antes, son la raíz de nuestra historia acá en la Patria chica, en el corazón grande donde caben con todo su esplendor.

Así fue cuando al ver esta foto compartida por Laura Benítez, querida vecina del barrio, enseguida llegaron nombres, con rostros, con recuerdos. Ella y su padre, don Benítez, abrieron una puerta sin saber que del otro lado estaban ellos, estaban ellas: doña Romana, doña María,  don Maciel, doña Luci, don Aranda y su esposa, don Maximino, don Robledo.

El barrio tiene la esquina, Sarmiento, Iparraguirre y Toro; la esquina tiene su gente.

Don Benítez, don Navarro y don Pineda, tres gladiadores, siguen aquí, velando el destino de los nietos, viviendo en el día curtido de los hijos, alimentando mitos bajo la parra entre gallinas y conejos, caminando las veredas sin prisa.

El tiempo es arena, es agua abrazadora, es sucesión de asombros.

Por ellos hay que cuidar el barrio. Por ellos y por los que llegaron después. Hay que cuidar el barrio y hay que estar unidos. Unidos cuidando el lugar donde tantas horas son nuestra comida. Acá vivimos y acá trabajamos y acá el saludo manda. El respeto manda y el cariño de tantos años. Eso hay que cuidar.

Es un valioso tesoro que si se pierde, se pierde todo.

Porque la tranquilidad de nuestra esquina es sagrada y nada ni nadie debe alterar ese destino que hay que cuidar entre todos.

Que Dios nos dé la claridad para entender ese propósito. Y la valentía para llevarlo a cabo. Que nunca un vecino de la cuadra se sienta solo en alguna necesidad, que siempre haya una mano que se tiende, un mate que se comparte, un recuerdo, una anécdota, una sonrisa.

Es entre todos la cosa. Nadie se salva solo.

Derqui es familia, trabajo, vecindad y folclore.

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