La UBA diseñará una planta potabilizadora de agua en la Base Petrel, en la Antártida Argentina.

La iniciativa, que se presentará en la reunión consultiva del Tratado Antártico de septiembre, también contempla desarrollar una planta de tratamiento de aguas residuales.
La Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) pondrá en marcha un ambicioso proyecto con fines sustentables y ecológicos: el diseño de una planta de tratamiento de aguas residuales y otra de potabilización de agua para consumo en la base antártica Petrel.
Tanto la universidad nacional, como el Comando Conjunto Antártico (COCOANTAR) y el Grupo IFES (Innovaciones para un Futuro Energético Sustentable) están delineando los últimos detalles de esta propuesta para ser presentada en la reunión consultiva del Tratado Antártico en septiembre de 2023.
Y es que este proyecto, como cualquier otro que un país quiera ejecutar en la Antártida, antes deberá conciliarse con el resto de los países que tienen bases en dicho continente.
La planta de tratamiento de aguas va a estar directamente ligada a la nueva casa principal que se va a construir en la Base Petrel y que, en verano, contará con una dotación máxima de 150 personas, explican en un comunicado.
De acuerdo con la propuesta, la planta de tratamiento contaría con un módulo de paneles solares aerogeneradores y termotanques solares para proveer de energía y calor a los reactores que llevarían a cabo el proceso secundario de «biodigestión anaeróbica», que es el de abatimiento de materia orgánica.
El proyecto garantiza que “el agua de descarga sea compatible con los parámetros de vuelco, los cuales están estandarizados e indican, por ejemplo, que dichas aguas no pueden tener más de determinada cantidad de bacterias, nitrógeno, y otros”.
El proceso de biodigestión anaeróbica “se lleva a cabo con microorganismos que requieren que la temperatura esté relativamente alta para lo que es la temperatura en la Antártida, entre 20 y 25ºC”, explican los especialistas, y agregan que “la única forma de llegar a esa temperatura es calefaccionando el reactor en el que están los microorganismos que degradan la materia orgánica y esto se realiza a través de la energía renovable”.
El último paso de este proceso es la generación de biogás a partir de los diferentes residuos, tanto de las aguas residuales, de otros residuos orgánicos como podrían ser los de la cocina, entre otros. Este resultado podrá dar “diferentes usos dentro de la misma base”, indicó.
A modo de conclusión, señaló que “la materia que queda de ese proceso se deshidrata para reducir su volumen, luego se la carga en contenedores y se la envía a Ushuaia para darle la disposición final”.





