Crear y Ser: una escuela en movimiento

Una tarde de un sábado de mayo la quietud del patio de la escuela se llenó de voces y risas, música y olor rico; entre todos podemos cambiar el mundo.

Solidaridad, compromiso, amor, respeto, amistad; son sólo palabras que cuando salen de la boca de niños se transforman en grandes sueños y deseos: así lo demostraron los chicos de la primaria del Colegio Crear y Ser cuando respondieron a la pregunta “¿Qué ves cuando mirás al otro?, disparador del trabajo realizado a partir del 3er Festival Artístico Solidario “Solidaridar”, mediante el cual toda la comunidad educativa se comprometió y participó desde diversas áreas; el objetivo: juntar donaciones de alimento y fondos para ayudar a la Escuela N° 187 de Rachaite, Jujuy, el Hogar Comedor Divino Jesús de Castelar y el Hospital de Morón.

“Esta escuela se construye a través de la concepción filosófica de ser persona y de la idea del hacer. Llega un punto en el cual uno se plantea si sirve, porque todos queremos cambiar el mundo. Y sí, sirve mientras uno crea que sirve. Uno es porque siente, después a partir de lo que uno siente piensa, y después se hace. Una de las primeras metas de la escuela fue nunca dejar de sentir, el pensar con otros y el hacer. Toda realidad es transformable. En estos espacios, como la escuela, los chicos ven que es posible transformar pequeñas realidades”, cuenta orgullosa Alejandra, Directora de la institución.

De a poco, van llegando las protagonistas de esta historia de querer cambiar el mundo: Julieta Rosenthal, Laura Di Giovanni, Candela Miggliavaca y Lourdes Virreira de 6to grado; en la voz de ellas, la de todos los estudiantes de la escuela primaria que se entusiasman ante cada festival.

“Cuando llegué, lo primero que hice fue acercarme al puesto de artesanías en el que participé haciendo pulseras y vendiéndolas. Me sentí muy bien sobre todo porque sabía que todas las recaudaciones eran para un proyecto solidario”, cuenta Julieta.

“Para mí el festival es un espacio donde podemos ayudar. Mi objetivo es causar alegría y hacer bien a otro. Cuando yo miro al otro veo sus sentimientos, amor, afecto, también puede ser tristeza o enojo… las miradas son como el espejo de los sentimientos”, reflexiona Laura de tan sólo 11 años.

“A nosotras nos encanta hacer pulseritas. En internet investigamos cómo hacer otras cosas: vinchas, aritos, llaveros, cosas con lanas. Hicimos muchas pulseras. Nos gustó hacerlo. Nos juntábamos en alguna casa. Mi abuela me ayudó mucho: tejió agarraderas, cactus con macetitas. Le encanta poder ayudarnos porque sabe que para mí es re importante poder ayudar al otro y compartir un momento juntas”, dice Candela emocionada.

Lourdes colaboró, además, vendiendo publicidades para la revista del Festival. Vendió 13 avisos y los comerciantes se quedaron sorprendidos ante la convicción de esta pequeña. “Les explicaba el proyecto, y también los convencía porque iba a venir mucha gente, les decía que les iba a servir para su negocio”.

Victoria Verdejo, coordinadora del área de Construcción de la Ciudadanía de la escuela secundaria, se sumó a la charla. “Desde allá trabajamos fuerte el sentido de la diversidad cultural, con todos los proyectos del colegio, no sólo Jujuy sino también con el Hospital de Morón y el Hogar de Niños.Lo que tratamos de hacer es trabajar bien fuerte la participación ciudadana, las formas de participar en pos de un objetivo que nos planteamos entre todos. Ver esta cuestión de cómo participar, el bien común, los alcances, el porqué hacemos lo que hacemos, la empatía, ponerse en el lugar del otro”.

“Cuando ellos ven el desarrollo del Festival, cuando ven que en el hacer hay un cambio, cuando ven que entre todos se suma, se siente conmovidos y encuentran que ese ratito que estuvieron – desde el lugar que sea que hayan colaborado – fue súper valioso. No es lo mismo que se les cuente. Este hacer que tenemos como escuela, que podemos poner en marcha, tiene un valor  importantísimo”, agrega.

Camila Schiavone y Lucila Magrini, de 6to años de la escuela secundaria, nos contaron qué significa el festival para ellas.

“Es la oportunidad de abrir las puertas del colegio a la comunidad, mostrarle lo que hacemos, los proyectos, las cosas que nos interesan como personas y como escuela. Mostrarles e invitarlos a participar”, cuenta Camila.

“Me da muchísima alegría. Yo me acuerdo siempre de los festivales que se hicieron antes. Es muy cultural. Participa toda la escuela: los estudiantes, los padres, los profesores; se incluye a toda la comunidad educativa. A veces, conseguimos cosas más específicas que no se consiguen en una donación, por eso son tan importantes. Además de saber que estamos ayudando, te sentís bien otras personas van a recibir algo que necesitan”, dice Lucila.

“Somos una escuela en movimiento porque tratamos de no quedarnos en el sentir y pensar sino comprometernos en el hacer.No es sólo dar. Es más lo que recibimos que lo que damos, y lo que recibimos no es material”, desliza Alejandra orgullosa de sus alumnos, de los profesores, de cada uno de los seres que forman parte de la comunidad de la escuela porque sabe que si nuestra mirada cambia, cambia el mundo.

 

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