De qué hablamos cuando hablamos de autismo

por María Almeida

A lo largo de los años y a medida que se sabe más sobre el autismo, desmitificar el autismo y a las personas con autismo se vuelve esencial. Lo real es que son muchos los mitos que, aún hoy, perduran en torno al autismo y a las personas con autismo. Y es ahí, donde el conocer,  empatizar, difundir, investigar y comprender nos permitirá dejar a un lado los prejuicios y miedos que ello genera.

Algunos mitos sobre el autismo:

  • El autismo es una enfermedad: el autismo es un trastorno de origen neurobiológico relacionado con el desarrollo del sistema nervioso. No es una enfermedad que se contagie o que pueda contraerse en un momento determinado de la vida. Por tanto, una persona con autismo no está enferma, sino que presenta una discapacidad que le acompañará durante todas las etapas de su vida.
  • El autismo se puede curar: el autismo acompaña a la persona durante toda su vida por lo que no existen “remedios milagrosos” que puedan curar el trastorno. Sin embargo, la calidad de vida de las personas con autismo puede mejorar gracias a la detección temprana, intervención oportuna acorde a las necesidades individuales, los apoyos necesarios y un entorno cuidado.
  • La falta de cariño de los padres y madres puede provocar autismo: aunque sabemos que el autismo es multicausal, y que no hay una concreta y definida causa, está claro que está relacionada con el desarrollo neurobiológico y que tiene una fuerte implicación genética. Por lo que no puede relacionarse con problemas relacionados con vínculos afectivos en los primeros años de vida.
  • Las personas con autismo prefieren permanecer aisladas y evitar el contacto con los demás: las personas con autismo tienen interés en relacionarse con las demás, pero, en ocasiones, sus diferencias en la comprensión y manejo de las situaciones sociales dificultan que puedan establecer relaciones con otras personas. En otras ocasiones, algunas personas con autismo pueden ser más sensibles a determinados estímulos sensoriales (táctiles, visuales, sonoros), por lo que pueden no sentirse cómodos ante algunas situaciones que implican, por ejemplo, un contacto físico directo. Sin embargo, las personas con autismo pueden afrontar las demandas cotidianas y participar activamente en la sociedad si cuentan con los apoyos necesarios y los ajustes apropiados en el entorno.
  • Las personas con autismo no se comunican: todas las personas con autismo se comunican, pero no todas lo hacen de la misma manera. Además, puede que no empleen el lenguaje verbal, sino otras formas de comunicación para las que precisan apoyos y recursos, como sistemas alternativos o aumentativos de comunicación.
  • El autismo lleva asociados rasgos físicos diferenciadores: las personas con autismo no presentan ningún rasgo físico diferenciador en su apariencia externa. Las manifestaciones del trastorno son de tipo conductual, y pueden observarse por los comportamientos que tiene la persona y no por rasgos característicos.
  • Las personas con autismo llevan asociada una discapacidad intelectual: el autismo se manifiesta de manera diferente en cada individuo en relación a diversas características, como es el caso de su capacidad intelectual. Algunas personas con autismo pueden presentar discapacidad intelectual asociada, mientras otras pueden mostrar capacidades esperadas para su edad o incluso por encima de lo esperado.
  • Las personas con autismo tienen “habilidades especiales”: las personas con autismo son muy variables en cuanto a sus habilidades. Algunas de ellas pueden presentar talentos fuera de lo común, aunque sólo representan a una minoría. En muchos casos, estas habilidades están relacionadas con la forma en que funciona su cerebro o los intereses específicos que puedan tener.
  • Las personas con autismo son agresivas: las personas con autismo no son agresivas. En ocasiones experimentan niveles elevados de estrés relacionados con las dificultades para manejarse en entornos socialmente complejos e imprevisibles, que pueden manifestarse como conductas inadecuadas o no deseadas y que resultan extrañas a otras personas. La aparición de tales conductas suele deberse a la falta de accesibilidad y adaptación por parte del entorno, situaciones que pueden afrontarse con los ajustes y apoyos necesarios.

Seguir hablando de autismo se vuelve esencial cuando la calidad de vida de las personas con autismo y sus familias depende de ello. Entender que, como sociedad, nuestro compromiso y empatía es fundamental. Que el Estado y las políticas públicas, el cumplimiento de leyes y derechos, el cumplimiento de las legislaciones por parte de los diferentes actores en torno a las personas con autismo, como obras sociales y profesionales, es prioritario.

Las personas con autismo no son niños eternos, ellos crecen y con ese crecer, también sus necesidades. Por eso, yo hablo de autismo. Por eso, desmitifico el autismo. Y por eso, cada publicación te ofrece a vos la posibilidad de conocer y descubrir de qué se trata el autismo y te invita a ser parte de la construcción de una sociedad más inclusiva, porque “un mundo en el que quepan todos los mundos es posible si todos ponemos nuestra parte”. Yo hablo de autismo, ¿y vos?

Compartir
Enable Notifications    OK No thanks