De qué hablamos cuando hablamos de autismo

Quienes tenemos hijos o conocemos a personas con autismo sabemos que pueden sufrir crisis o manifestar conductas desafiantes.

| por María Almeida

Este tipo de comportamientos no son el problema, sino la consecuencia. Muchas veces la no comprensión de los diferentes contextos socioculturales genera una conducta inadecuada, la carencia de habilidades para gestionar las diferentes situaciones es un detonante y está evidentemente conectada a las capacidades de comunicación y comprensión social de la persona. En simples palabras, las crisis son la consecuencia de algo que no pueden decir, expresar, comprender o aceptar. No es que no quieren hacerlo, no pueden hacerlo.

No todas las personas con TEA manifiestan sus crisis de la misma manera. Pili, por ejemplo, manifiesta sus crisis a partir del llanto, puede estar horas y horas llorando, sin un motivo aparente. En cambio, Tomás puede gritar y gritar golpeándose el pecho, y tensionando todo su cuerpo con un sentimiento de bronca, enojo y frustración. Y, les aseguro que, el tiempo que dure, puede ser muy estresante para él, como para quienes estamos a su alrededor.

Poder identificar la diferencia entre una crisis y un berrinche, es fundamental. Intentaré explicarlo.

Cuando tiene una crisis, un niño con autismo no se muestra preocupado por que las personas a su alrededor reaccionen de alguna manera a su conducta. En cambio, quien hace un berrinche, mira a su alrededor para ver si su comportamiento genera alguna reacción.

En el medio de una crisis, un niño autista no se preocupa por su seguridad o la de quienes lo rodean. En un berrinche, un pequeño tiene la precaución de no lastimarse.

Los caprichos se terminarán súbitamente, una vez que la situación se resuelve. Las crisis se diferencian por aliviarse lentamente.

Las crisis suelen originarse cuando un deseo específico es prohibido. Una vez desencadenadas, deberán seguir su curso, ya que nada logrará satisfacer al niño. En cambio, los berrinches tienen el objetivo de alcanzar una meta específica. Cuando esto sucede, todo vuelve a la normalidad.

Y es ahí donde debemos ser observadores de la situación para poder ayudarlo.  Las crisis suelen tener un detonante. Para prevenir este tipo de conductas, te ayudará mucho saber qué las desencadena. Intentá identificarlo.

Ni les cuento cuando ambos entran en crisis al mimo tiempo, y se sobreestimulan uno con la crisis del otro y viceversa. Recuerdo una vez, vino una profesional de los chicos a casa, y los encontró a ambos en plena crisis, en medio del living, y a nosotros mirando como espectadores esa “enloquecida situación», casi sin reaccionar. Nos preguntó por qué dejábamos que eso sucediera (cabe aclarar que ella era la primera vez que era observadora de esa situación y para nosotros era moneda corriente).

Se los voy a intentar explicar, como lo hicimos con ella. Si algo aprendimos en este andar es que las crisis y su continuidad dependen mucho de la reacción del espectador, en este caso nosotros. Ya lo habíamos intentado todo, desde separarlos, retar a Toto para que no grite, y eso hacía que Pili se revictimizara y llorara el doble, y eso potenciará el grito de Toto. Hasta contener a Pili en su crisis y eso generar en Toto una crisis peor. Hablarles, intentar tranquilizarnos, enloquecer con ellos, todo era inútil. Hasta que entendimos que detenernos y observar era la mejor opción y eso hicimos. Lo primero que notamos que estas situaciones se generaban por “celos», un tipo marcar territorio. Algo así como, “mirá, me dan bola a mí, y no a vos”. Entonces, comenzamos a mantenernos neutrales, y eso nos permitió poder observar quién de los dos estaba más receptivo a poder ayudarlo a salir de la crisis, y está acción mermaba la crisis del otro. Anecdótico.

Lo importante es saber qué hacer para ayudarlos a recuperarse de esa situación, entendiendo que lo que funciona con una persona con autismo, puede no funciona con otra persona con autismo. Si hablamos de niños y niñas, ellos son quienes suelen presentar estos desequilibrios con mayor frecuencia e intensidad y resulta fundamental ayudarlos en el aprendizaje de reconocer y apaciguar tales conductas antes de alcanzar la edad adulta.  Recordá que cada persona es distinta. Lo que es efectivo para una, puede ser perjudicial para otra.

A veces, las crisis se desencadenan por negativas. Si sabés que ello conlleva a una crisis, y esas crisis tienen peores consecuencias que ceder a una negativa, intentá no desencadenar una crisis por algo insignificante. Elegí tus batallas.

En momentos de crisis, intentá reducir los estímulos sensoriales, como la televisión, la música o las luces muy intensas.

Mientras intentés distraer al niño, hablale suavemente acerca de su comportamiento y hacele saber que debe calmarse y que vas a ayudarlo a hacerlo. Es muy importante no hablar en exceso ni levantar el tono de la voz, ya que esto puede alterarlo aún más.

Retirá cualquier objeto que pueda lastimarlo o lastimar a otros. Evitá tener a mano objetos que pueda arrojar a otros.

Intentá separarlo de otras personas. Si es posible, llevalo a una habitación tranquila hasta que se calme y si no es posible, pedí al entorno que se aleje.

A algunos niños, los masajes los ayudan a relajarse. Intentá masajear sus sienes, sus hombros o frota su espalda. Que tus movimientos sean movimientos suaves.

Tratá de mantenerte lo más tranquilo posible. La mayoría de las personas con autismo son perceptivos del sentir de los demás.

Y así, de un momento a otro, la crisis pasa y esa tormenta que hasta minutos atrás parecía interminable, cesa y como digo siempre, sale el sol.

No es fácil, claro que no. Pero es posible.

Como padres de personas con autismo, somos eternos investigadores, buscadores de respuestas. De eso se trata nuestra vida.

Muchas veces, el afuera ve estas crisis como caprichos, pero no lo son. Y se nos juzga a nosotros, como padres de no poner límites. ¡¡Si supieran lo que ese juzgar nos genera a nosotros tambié!! Lo que duele, aunque hagamos como si no nos importara. Por eso es tan importante hablar de autismo, concientizar.

Por eso hablo de autismo. Porque como siempre digo: “Un mundo en el que quepan todos los mundos es posible si todos ponemos nuestra parte”.

Yo hablo de autismo, ¿y vos?

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