por María Almeida

Cuando hablamos de autismo, hablamos también de padres que, como todos, pasan por altibajos emocionales que en muchas ocasiones nos dejan agonizantes. Son momentos, etapas… y aunque cuesta salir de ellas, siento son necesarias.
Y una de esas etapas vengo atravesando hace unos meses… y cuando eso sucede, sigo adelante, pero con una luz un tanto apagada, más silenciosa, sin poder poner en palabras mi sentir… todo cuesta un poquito más.
En medio de todos estos sentimientos revueltos, en una charla vía WhatsApp con la editora de la columna “De qué hablamos cuando hablamos de autismo”, Noe sugirió escribir un libro. Yo ya lo tenía medio armado, así que se lo mandé para que lo vea, y en el transcurso de semanas tuvimos tapa, prólogo, agradecimientos… tuvimos presupuesto, tuvimos trámites de registro del libro… tuvimos libro. Ahí, el apoyo incondicional, la fuerza, el empuje, las ganas y creencias en mí y en este proyecto por parte de Noe y Victor, de Julio (la gran familia de El Bodegón Ediciones) fue FUNDAMENTAL. ELLOS FUERON QUIENES LO HICIERON POSIBLE.
De qué hablamos cuando hablamos de autismo (libro) surgió en medio del caos, y en este proceso dudé mil veces si era “el momento” para este nuevo sueño en el que me embarcaba. Pero aun así seguí adelante.
Después de desencuentros miles, de esos que nunca pasan, llegó el libro a mis manos, un día antes de salir de viaje. (Otra historia para contar.)
Y junto a nuestros bolsos de viaje, se sumaron un par de ejemplares.
Cuántas dudas, cuántos miedos, cuánto de todo acompañó este sueño, y la pregunta que me seguía rondando era… “¿Es el momento de hacerlo?”.
Pero la vida, las causalidades, las cosas del destino, como sea que se llame y lo genere, hicieron que en este viaje encontrara la respuesta.
Camino a Santa Teresita (nuestro destino), pasamos por varios puestos de control policial, en ninguno nos pararon, pero en el medio de la nada, cerca de Castelli nos paran. Dos agentes policiales estaban en el puesto. Una de ellas se acerca, nos mira y sigue de largo hacia el otro auto. La agente que se acerca a nosotros, nos pide los papeles, los revisa y nos despide. Cuando se estaba yendo, Pili da uno de esos gritos característicos de ella, y la agente vuelve. Le explico que Pili tiene autismo y su rostro se transforma. Se pone en cuclillas, cercana a mi ventanilla y nos dice: “Saben que a mi hijo le diagnosticaron autismo hace una semana”. En segundos quería contarnos todo, preguntarnos todo, saber si había esperanza, cómo era tener dos hijos con autismo, cómo nos animamos a viajar, si se puede.
Nos miramos con Horacio, y esa mirada fue suficiente para bajar del auto, abrir el baúl y regalarle un De qué hablamos cuando hablamos de autismo.
Sus ojos se iluminaron, me abrazó y se aferró al libro. Solo pude decirle que lo lea, que no era mucho, pero quizás podía ayudarla. Que hay esperanza, que es difícil, pero se puede. Que no está sola.
Me subí al auto… nos despedimos y seguimos viaje. Tengo en mis retinas la imagen que me regalaba el espejo retrovisor del auto, esa agente, mujer, madre, abrazada al libro emocionada y esbozando una sonrisa. Y nosotros con Horacio, en silencio, atravesados por ese momento. Mis ojos se llenaron de lágrimas, intentando de alguna manera expresar lo que generó ese momento.
De eso hablamos todo el viaje, creo que quedamos más emocionados y atravesados nosotros que la agente.
Y hoy, sentada leyendo el libro, pude comenzar a entender que SÍ ERA EL MOMENTO. Que, si tan solo a una persona este libro, mis palabras y sentires, puede iluminar su camino… mi tarea está cumplida. Este es su fin, no tiene otro…
Y otra vez, este camino me enseña y me demuestra que “tus sueños tienen que ser más grandes que tus miedos” y que no importa el desafío que se presente, siempre es posible seguir. Que cuando nos juntamos y trabajamos juntos por el mismo fin, nada puede salir mal. Que no hay nada mejor que seguir hablando de autismo. Gracias a todos lo que siguen creyendo en mi familia, en mí y son mi megáfono en todo este lío.
“Un mundo en el que quepan todos los mundos es posible si todos ponemos nuestra parte”. Nunca mejor dicho.
Yo hablo de autismo, aun en los días malos, ¿y vos?





