DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE AUTISMO: VIAJAR

Por María Almeida

“Dicen que viajando se fortalece el corazón…” según Lito Nebbia, y quienes hemos tenido la posibilidad de viajar, no importa el lugar ni la distancia, sabemos que nada es más cierto.

Todo “el folclore” previo, el buscar destino, los preparativos, entre otros, INSPIRAN. El viaje en sí, los momentos, lugares, imágenes, RENUEVAN. Y el después, las anécdotas, los recuerdos, los momentos NOS COMPLETAN hasta la próxima aventura.

El viajar fue algo que amé desde siempre. Amor que compartimos con Horacio. Y mientras pudimos, hemos intentado viajar, pero a medida que la familia se fue agrandando y con la llegada de un 2do diagnóstico de autismo, dejamos de hacerlo. Siete años hacía desde la última vez que habíamos viajado, cuando en enero del 2019 volvimos a darnos la posibilidad de viajar juntos. Repletos de miedos, pero no sólo por ellos, sino por nosotros. Si estaríamos física, emocional y mentalmente a la altura de lo que este tipo de actividades requiere. Y es ahí donde respiramos profundo, y decimos “es posible” y, entonces, comenzamos a tratar de recopilar la mayor información posible: cómo era el lugar, si hay mucha gente, si cerca hay espejos de agua. Si tiene WiFi.  Características del lugar a alquilar. Si es planta baja. Si tiene parque cerrado… tantas cosas.

Cuántas horas para llegar, cuál es el mejor horario para viajar. Qué llevamos en el viaje para que estén regulados… con ellos, nada puede ser improvisado. Y al ser dos, todos los detalles son importantes, porque si uno se desregula, desregula al otro y viceversa, y lo que puede ser planeado para el disfrute, puede tornarse todo lo contrario.

Y lo hicimos, siendo el viaje a los Reartes, Córdoba, el comienzo de muchos más “viajes». Fue una experiencia única.

El animarnos, el soltar los miedos, el creer que era posible, el creer en ellos, pero también en nosotros. El ir siempre dando un pasito más… chiquito pero firme.

No es fácil. Pero se puede.

Aquí te cuento algunas cositas que a nosotros nos ayudan a la hora de pensar en viajar.

La mayoría de las personas con autismo aman el agua y pensar en vacaciones en lugares donde el agua esté “a la vuelta de la esquina” ya es un punto a favor.

Tratar de viajar en fechas donde no haya mucha gente vacacionando, y tratar de elegir lugares no demasiado turísticos y concurridos.

Si vamos a alquilar un lugar, siempre aclaramos nuestra realidad familiar y tratamos de sacarnos todas las dudas posibles. Hasta pedimos fotos del lugar para poder anticiparnos a cómo va a ser nuestra estadía. La mayoría de la gente, y más en el interior, son súper amables y empáticos.

Una vez elegido el destino, tratamos de conocer un poquito del lugar, ver videos, imágenes. Toda la info que hay en las redes sociales; es de mucha ayuda.

En qué horas viajar, qué paradas hacer, por dónde ir. Todo ello priorizando siempre la tranquilidad y el disfrute de nuestros hijos, y, por ende, el nuestro.

Una vez en destino, yo suelo ser muy clara y directa, hablando de autismo. Si el espacio es compartido, es decir cabañas en el mismo predio, dar información sobre ello, siempre nos ha sumado. Anticiparles que pueden escuchar cantar a Pili a las 5 de la mañana, o escuchar gritar a Toto como si lo estuvieran matando porque vio un insecto volador. Que van ver a Pili correr de un lado para otro, o reírse a carcajadas. O que van a oír golpes de puertas, porque cuando Pili está escuchando algo que a Toto no le gusta, cierra las puertas con tal fuerza que parece las va hacer giratorias.

Y seguramente habrá quien diga, ¿tenés que contar todo? ¿Es necesario? La verdad que no sé si es necesario, pero sí a nosotros nos suma un montón. El poder anticipar con información a nuestro “nuevo entorno” hace que las personas a nuestro alrededor estén tranquilas y predispuestas, relajadas y empáticas. Porque el saber, siempre siempre, da seguridad y esa seguridad se traduce en actos.

Por el horario en que se despiertan nuestros hijos (5 a.m.), el horario “de recorrida” siempre es tempranito, así que llegamos a los lugares a eso de las 8.30 y para las 12 ya estamos regresando (horario en que la mayoría de la gente recién están llegando). Sí, vamos contra el mundo.

Respetar que nuestros hijos tienen tiempos determinados de atención, de espera y de “aguante”. Tener al alcance de la mano aquello que los regula. Tratar de mantener ciertas rutinas cotidianas. Siempre suma.

En nuestro caso, nuestros hijos no usan agendas, sino que todo se anticipa desde la palabra, entendiendo que lo que se dice se hace. Y en caso de no hacerse debemos ser claros al responder. Para brindarles seguridad y confiabilidad a nuestra palabra.

Es tanto, pero como siempre digo, si conocés a una persona con autismo, solo conoces a esa persona con autismo y cómo reaccione a “sus vacaciones”, cuál será su lugar favorito, cuáles son los mejores “tips” de viaje, solo su familia lo podrá saber.

Pero si algo es seguro, es que no importa cuán difícil sientas que pueda llegar a ser, no importa el lugar donde puedas ir, ni el tiempo… lo importante es que te animes, que creas en tu hijo y que creas en vos.

Porque, pasito a paso, siempre viajar en familia, es el mejor plan.

Al menos así lo creemos nosotros.

Un mundo en el que quepan todos los mundos es posible si todos ponemos nuestra parte…

Yo hablo de autismo viajero… ¿Y vos?

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