De qué hablamos cuando hablamos… ¡de un día a la vez!

por María Almeida

A veces suelen preguntarme cómo hago para sostener el cotidiano de vivir junto a dos personas con autismo, con todo lo que eso conlleva. A parte, de lo que cualquier persona hoy tiene que sobrellevar y vivir. Yo también me lo pregunto. Y en mi respuesta siempre está la frase “vivimos un día a la vez”.  

Como todos, hay momentos en que los desafíos cotidianos, el stress constante al que sobrevivimos nos dejan en agonía. Nos posicionan en un lugar de agotamiento físico, mental y emocional. En esos días, llamarnos al silencio es nuestra mejor opción. Organizar nuestros pensamientos y sentimientos es prioritario. Poner nuestra poca energía y fuerza sólo en lo estrictamente necesario, urge. Y es ahí, donde surge en mí, este poema que quiero compartirles.

 Pensamiento nocturno

“En la oscuridad de la noche,

mientras todos duermen en el hogar,

yo no concilio el sueño.

Doy vueltas en la cama cual trompo en el suelo.

Mil pensamientos, rondan en mi cabeza.

El día anterior ha sido

de esos que se asemejan a tormentas huracanadas.

Esas que atraviesan y arrasan con todo.

Me siento cansada,

mi cuerpo también se siente igual.

Pero mi mente,

mi mente parece tener su propio ritmo,

su propio movimiento.

Y mi corazón que late con fuerza,

parece salirse del pecho.

Cierro los ojos, para ver si la convenzo,

pero las imágenes pasan

cual diapositivas una tras otra,

imparables, incansables.

Y es en ese instante

donde sus rostros aparecen,

esos que, en el día,

colman mi cotidiano.

Y sus risas, esas que tanto amo,

vienen a mí como si sonaran en ese instante.

Mi corazón late más lento. Se apacigua…

Y ahí me encuentro yo

esbozando una sonrisa,

a la par de sus miradas,

de sus rostros amorosos.

Y así, mi mente relaja.

Y todo se vuelve tranquilo, como mar en calma.

Mi cuerpo relaja, mi mente se detiene

Con una imagen, la de ellos

que son la paz y fuerza en mi vida.

Esos rostros que sanan, renuevan,

Impulsan, generan…

Y así, en la paz del momento…

concilio el sueño.

Porque es ahí donde comprendo

que no importa

cuán fuerte sea la tormenta,

ni lo huracanado de mi cotidiano…

Sus vidas en mi vida

son el mar en calma,

ese que, al principio y al final de cada día,

será todo lo que necesito

para seguir… un día a la vez.”

A veces, todo es mucho. Y lo que ayer se sobrellevaba más fácilmente, hay días en que cuesta un poco más. Pero como todo, pasará. Siempre pasa. Porque si algo me ha enseñado la vida es que, a pesar de todo y después de todo, siempre tengo un motivo para seguir. Ellos lo son, mis hijos, mi familia, mi gran compañero de vida. Ellos son el motivo, la fuerza, el motor…

Y ustedes, son la esperanza… porque saber que están del otro lado, sumando su granito de arena para que “un mundo en el que quepan todos los mundos sea posible” me permite respirar profundo, juntar mis partes y seguir. Porque sé que no estamos solos en esto. Y eso es el mundo para personas como nosotros.

Hoy, con menos fuerzas que ayer, pero con la esperanza de que mañana será mejor… yo hablo de autismo. Y sé, que ustedes también.

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