Entrevista con Ana Barbieri de Verde Vejiga: un colectivo más cerca de las artes visuales.
Ana Barbieri nació el 3 de marzo de 1986 en El Palomar, provincia de Buenos Aires. Es docente, dibujante e ilustradora. En 2010 finalizó la Licenciatura en Artes Visuales (Dibujo) en la UNA. En 2014 participó en la realización de las obras del artista chino Cai Guo-Qiang para Impromptu (Fundación Proa). Actualmente asiste al Taller de Dibujo y Pintura de Diego Perotta. Forma parte de la Cooperativa Editorial Simulcoop, donde ilustró varias publicaciones como Manifestación de todo lo visible de Rodrigo Arreyes (novela), La vuelta de Paula Jiménez España (poesía), Después de la superficie de Damián Lamanna Guiñazú (poesía) y Ligarás tu corazón con el mío: antología poesía africana de expresión portuguesa. Además, se desempeña como docente de Plástica, Arte y Diseño en niveles primario y secundario y dicta clases de producción de imágenes en su taller particular ubicado en El Palomar. Participó en muestras colectivas en lugares como la Biblioteca Café, 4 Gatos Galería de Arte, Desde la Plástica, Supermarket Art Gallery y Centro Cultural Borges, ente otros.
– Cuando un alumno llega al taller Verde Vejiga, ¿es mejor dejarlo seguir sus propios instintos o como tallerista vas más allá de darle sus propias herramientas? ¿Hay una influencia directa? ¿Cómo es eso?
– En un primer momento, la idea es que la persona que empieza el taller experimente diferentes técnicas y utilice diversas herramientas que le permitan ampliar un poco las posibilidades al momento de plantear una imagen. En eso, tenemos en cuenta los intereses de cada ingresante y, sobre ello, vamos construyendo diferentes propuestas plásticas. Mi rol, en ese proceso, es el de hacer aportes tanto desde lo conceptual como desde lo plástico, contribuyendo a concretar los proyectos de cada integrante e incentivando a que surjan otros nuevos. No todas son personas que recién comienzan. Lo particular es que se acerca gente que ya tiene cierta formación en artes visuales: creativos que vienen de la rama de la fotografía, el diseño gráfico o la ilustración. Trabajar con estos perfiles es muy interesante porque nos podemos centrar en profundizar una búsqueda artística de manera más específica, más orientada.
“Me interesa que la dinámica del taller sea grupal, porque me parece fundamental el intercambio con los otros, independientemente de en qué instancia esté la formación artística de cada uno. Que los demás vean y acompañen los procesos de los otros, comparen y opinen sobre la producción siempre suma. Pensamos las imágenes, compartimos libros, hablamos de pintura, de exposiciones, de artistas, lo que sea que aporte al debate. Lo importante es que haya una reflexión y esa reflexión se exprese en imágenes.”
– ¿Está bien si digo que el taller Verde Vejiga entonces no es un lugar para pasar un rato con amigos nuevos?
– El taller es un espacio de trabajo individual compartido. El hecho de que las clases sean grupales tiene que ver, como dije antes, con la importancia de compartir las ideas y los proyectos. Además, este año incorporamos modelo vivo, así que eso es una excusa más para priorizar esta modalidad. Claro que también compartimos mates y música (¡y hablamos mucho!), pero siempre teniendo presente nuestros objetivos y expectativas respecto a este lugar en el que nos reunimos periódicamente. El espacio-tiempo del taller es muy valioso, no es un encuentro para divertirse sino para comprometerse con el trabajo propio y el de los demás.
– ¿Las galerías y los demás lugares para exponer o vender arte están presentes en algún lugar del Oeste? ¿Es posible comprar arte en el Oeste?
– No es frecuente comprar arte en el Oeste. Sí hay muchos lugares que promueven actividades relacionadas con las artes visuales. O sea, hay difusión pero casi no hay espacios dedicados a la compra-venta de arte. Tenemos en el Oeste y alrededores centros culturales, museos y programas municipales que trabajan con artistas locales. MUNTREF (Caseros), Arte y Vida (Martín Coronado), Casa Frida (Ituzaingó) y 4 Gatos (Haedo) son algunos de estos lugares. Sin embargo, creo que estamos un poco lejos de hablar de un circuito del arte en esta zona. Todos estos son lugares disociados, están gestionados de diferente manera y, generalmente, no articulan entre sí. Si articulan, no lo hacen para que los artistas vendan sus obras o para que los ciudadanos de sus localidades sepan que hay arte a la venta.
“Los espacios dedicados a comercializar las obras de arte no son la postal del conurbano, al revés. Artesanías hay por todos lados, pero para comprar arte tenés que tomarte al menos un tren o un colectivo.”
por Rodrigo Arreyes





