Enfiest-Arte. Todo vale la pena

Enfiest-Arte. Muestra de fotos, exposición de cuadros, instalaciones, pintura en vivo, música, Cortázar. Y una esquina, en Chubut al fondo.

por Victor Koprivsek

Todas las fotos son gentileza de Florencia Sobrero.

Los cuerpos son muros donde la vida escribe y canta. En la piel rugosa del ladrillo la textura es suave cuando la lluvia moja. Los ojos no se cansan de ver ¿o sí?

Hablar de la pandemia, de los cierres de fronteras en países europeos, del tiempo sin abrazos, de los puñitos saludándose, tal vez todo eso hizo falta para que algunas cosas pasen.

  Tal vez. Quién sabe.

 Lo cierto que en estos casi dos años, que fueron algo así como un solo año extendido, aletargado, redimensionaron momentos cotidianos que dejaron de ser.

Cenas, encuentros casi mensuales entre amigas y amigos hacedores de cosas, que quedaron en pausa, entre paréntesis. Las cenas y las cosas, no la amistad.

Muchas actividades de la cultura local, suceden así. Nacen en charlas de sobremesa, son ideas que se comparten con ganas y de puro impulso, al poco tiempo, se llevan a cabo.

Esta nota es sobre una de esas ideas que se convirtió en EnfiestArte.

Podría escribir una crónica, simple, ir del principio al final sin tiros en el medio, sin anécdotas graciosas, una nota al paso de una muestra de arte local.

Pero ¿qué pasa si el hecho fue extraordinario? ¿Cómo cuento del empuje de la mujer sin dedos y mirada de turbina de avión que parió una hija cantora? ¿Podría dejar, acaso, de mencionar las palabras de Borges sobre el olvido, escritas en un papel afiche colgado junto a la foto de una grieta desnuda?

Y ¿el manojo de pijas colgando de un poste, abarrotadas en las miradas y las risas? ¿o no era eso esa instalación que llevaba la firma de la mujer que arma los fogones azules?

Y debajo de las escaleras más fotos, tamaño cuadro, hipnóticas.

Y adentro de las cajitas de madera robadas a la verdulera de la ruta, esa que vende frutillas, libros y dibujos, hechos a mano, y más fotos a la venta.

Todo vale la pena. Sip. Pero a veces hay que renombrar las cosas.

Y… ¿qué más viste?

Luces amarillas y rojas. Mesas lunares pegaditas a la ligustrina. Gente abrazándose. Eso vi. Reencontrándose.

También vi un flaco con pinceles en las dos manos, trazando líneas al mismo tiempo en que acontecía la canción, como si la música misma guiara sus trazos.

Vi la risa en su rostro mientras la tarde se volvía noche y vi bocas, muchas bocas moradas que parecían hojas.

Hojas de árboles robadas por el otoño… listas para besar.

¿Cuánto hace que no besas con esa boca tuya, tan suave y tan perfecta, diseñada para otra boca suave que seguro te espera?

Ah, vi ropa colgada, como en los pasillos en las calles de Nápoles. Prendas de vestir así tendidas en cables, como si estuvieran a la expectativa.

¿Pasó algo más? Sí, pasó.

Llegaron dos amigos con camisas hawaianas y morrales cruzados en el pecho, sacaron las guitarras y repartieron cancioneros entre los presentes para que hagamos coros en el brindis.

Y después, en el escenario que era de pasto, un grupo de mujeres dijeron cosas cantando. Cosas que llegaban a los huesos.

Seguro me falta algo, es que los apellidos sobran, porque nadie vino solo, todos llegaron en manada, en tribus. Salvo uno, el de chaleco de cuero y la camisa blanca. El pintor de pelito largo y mirada tristona. Menos mal que vino, ya se lo extrañaba.

Y menos mal que una joven llena de contentura sacó fotos.

Muchas fotos. Así las podemos compartir en El Apogeo Diario, como para que se vea un poco lo que fue EnfiestarArte el pasado jueves 2 de diciembre de 19 a 23.50 hs. en Esquina Chubut, de la Ruta 25… al fondo.

Los organizadores agradecen el apoyo de la Subsecretaria de Cultura de Pilar
y la buena onda de Pato de Esquina Chubut
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