Esclavos del celular

Vivimos en la era “móvil” donde el celular es el gran protagonista de todas las actividades que tenemos.  ¿Un mal necesario?

Hoy en día es muy difícil encontrar a una persona que no tenga un teléfono celular.  A medida que pasa el tiempo se está volviendo cada vez más protagonista de nuestras acciones. Si tenemos un recital estamos pendientes de las fotos, no disfrutamos de la música; nos juntamos con amigos o familia y no prestamos atención a lo que están hablando. Vivimos conectados, nos despertamos y lo primero que hacemos es mirar el celular. A más de uno le habrá pasado de olvidarse el celu en casa y sentirse perdido.

Antes las personas tenían una agenda, un calendario, usaban reloj, llevaban consigo la radio o la cámara de fotos; hoy contamos con todo eso en un solo aparatito, que cada vez es más importante para nosotros, porque además podemos usar Internet. Tenemos en algo tan pequeño todo lo que necesitamos.

Los extremos no son buenos, debido a la gran utilización de estos dispositivos han surgido nuevos problemas en la salud. Si bien no está declarado como enfermedad hay un nuevo síndrome que surge de la utilización del celular. En Estados Unidos la empresa LG realizó encuestas y se llegó a la conclusión de la existencia del síndrome al que denominaron “de batería baja”.

Las personas sienten pánico cuando la batería dispone de un 20%, sienten el frío correr por el cuello, o empiezan a transpirar al ver la batería baja, o se desesperan por salir corriendo a buscar el cargador.

Con el informe realizado se llegó a la conclusión de que 9 de cada 10 personas sufren del síndrome, y que el 70% no quiere prestar su cargador o baterías de repuesto por temor a no tener cuando lo necesiten.

Si bien no es una enfermedad, el concepto ejemplifica el comportamiento del usuario, que es capaz de cambiar su rutina diaria por ocuparse de que su teléfono llegue al final del día con carga de sobra.

Los síntomas que permiten detectar el síndrome “de batería baja” son: pedirle a un desconocido que nos cargue el celular, discutir con un ser amado porque no respondió llamados o los mensajes, pedir algo de tomar en un bar o un restaurante sólo para usar las tomas eléctricas disponibles, tomar sin permiso el cargador de otra persona y mantener el teléfono en modo avión para conservar la batería.

Si bien el celular es muy útil, hay que tratar de volver a disfrutar los momentos, las charlas con amigos, los recitales sin estar pendientes de las fotos o videos para compartir en las redes sociales, las comidas; tenemos que tratar de no volvernos esclavos del celular y no caer en este nuevo síndrome “de batería baja”.

por Natalia Molina

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