“Todos somos parte de lo mismo”
No hay cielos más azules que los del norte argentino y no hay red más fuerte que la que tejen manos solidarias.
En Rachaite, pueblo perdido en la inmensidad de Jujuy, a 65 km de Abra Pampa y a 3.900 metros sobre el nivel del mar, se encuentra la escuela hogar N° 187 a la que asisten, entre nubes y cerros, un puñado de chicos de entre 4 y 12 años. Los que viven más cerca de la escuela, regresan cada día a sus hogares; otros llegan el lunes cargando esperanzas y se quedan hasta que la campana del viernes les anuncia la partida.
En el marco del proyecto de aprendizaje-servicio, y teniendo como pilares una mirada integradora de la diversidad, acciones solidarias superadoras del asistencialismo, el desarrollo de valores y actitudes de solidaridad y compromiso, y la generación de lazos, la escuela Crear y Ser de Castelar desde hace ya muchos años se acerca a la escuela rural de Rachaite a estrechar lazos y transformar parte de la realidad de manera reflexiva y activa.
No siempre los chicos de la escuela pudieron participar del viaje – cuestiones burocráticas-, pero ya hace tres años que los alumnos que sientan deseos de ir, y que tengan compromiso, ganas de ayudar y de vivir una experiencia única, y además buenas notas y no se lleven materias, pueden hacerlo. Doce son los elegidos de entre 5to y 6to año de la secundaria, el resto de la comunidad educativa participa con donaciones. Una vez en Jujuy, los chicos se albergan en la escuela, es por eso que el número de aquellos que viajan es reducido. Sofía Kalfaian y Camila Schiavone, de 5to año, viajaron en septiembre; Lara Fiorentino, Camila González y Sofía Nunes, de 6to año, viajaron el año pasado. Todas se ponen de acuerdo cuando dicen que lo más importante del viaje es conocer a los chicos de Rachaite y que el encuentro supera las expectativas. La escuela, en medio de un paisaje desolado, ya se ve desde el micro, envuelta por montañas y precipicio. La bienvenida es con canción y cartel, y abrazos tímidos, cuentan las chicas. Este año cantaron, jugaron, hicieron un taller de títeres – con obra incluida -, una búsqueda del tesoro, pintaron un mural, participaron de la ceremonia de la Pachamama, y por último hicieron una bandera.
Susana Eizmendi se suma a la charla y nos cuenta que al principio, en los primeros viajes, los chicos no eran tan abiertos, eran más reticentes a la hora de abrirse a los recién llegados, pero el paso del tiempo y el compromiso asumido desde la escuela de Castelar hicieron que cada vez más la llegada de este grupo humano se hiciera esperada. Ahora, conocen nuevas caras, pero ya no tienen el temor ni ponen distancia, asegura Susana.
La escuela cambió mucho desde el primer viaje hasta este último. Hasta el año pasado era una escuela muy precaria, cuenta Alejandra Gavuzzo, Directora General y motor de este proyecto. Se morían de frío y este año se enfermaron muchísimo. Así que llevamos estufas. ¡La electricidad llegó recién en diciembre del año pasado a esa zona! Tienen muchísimos problemas con la alimentación. Les dan $220.- por día para alimentar a 35 personas que viven en la escuela. Dependen de nuestra colaboración. Nosotros llevamos 2.000 kilos por año de alimento seco. Si uno compara hace 5 años con el presente, se da cuenta cómo cambió su manera de pensar y de expresarse y eso tiene que ver con la alimentación. Llevamos alimentos nutritivos y también una sustancia con hierro para agregarle al pan y diferentes nutrientes. Es muy bajo el recurso económico para la alimentación, entonces si llevamos alimentos secos ellos pueden comprar más carne.
-¿Cómo está la escuela ahora en Rachaite?
– Ahora hay una nueva directora que es un encanto y la escuela está muy bien, así que vamos a ver si hacemos pie en otra. El gran objetivo inmediato es que 9 chicos puedan venir en noviembre. Son chicos de 5to, 6to y 7mo grado, acompañados por Mercedes, la directora, y su maestro. Se guardaron fondos del festival para solventar ese viaje.
El mediodía se acerca y el bullicio en el patio aumenta. Alejandra nos sigue contando sobre su proyecto de escuela solidaria: La escuela va más allá de los conocimientos, porque estos se aprenden en cualquier escuela, el tema es cómo se viven estas cosas que tienen que ver con lo humano. Yo creo que un mundo mejor es posible. Creo en la capacidad de poder transformar como escuela, si no ¿para qué sirve? ¿Para transmitir conocimientos o para darnos cuenta de con quién estamos y poder creer que podemos transformar el mundo en un mundo mejor? Nuestra escuela no ambiciona, por ejemplo, tener un campo de deportes. De todo corazón, yo deseo que el día de mañana donde sea que estén todos los chicos que pasaron por esta escuela puedan ser multiplicadores de cambio social. Yo creo que la escuela tiene que ayudar a transformar a la sociedad en una más justa, más pacífica, más equitativa. Lo académico es una herramienta que depende de quien la utilice sirve o no a la sociedad; pero no es la que transforma, las que transformamos somos las personas que hacemos uso de diferentes herramientas.
– ¿Por qué tan lejos, Alejandra?
– Porque a pesar de la distancia, los riesgos, el dinero, uno se comprometió. Desde 1999, yo quedé comprometida con otra escuela de Jujuy y con su directora, cuando a ella la trasladan nosotros la seguimos y así nace este amor por Rachaite. Es muy difícil que sólo llegue un camión con cosas. Si uno tiene una convicción y está comprometido, hay que buscar caminos que sorteen los obstáculos. Antes de realizar cada viaje, el inspector siempre me pregunta si hay necesidad de que vayamos tan lejos. Yo le respondo que hay un compromiso de por vida por acercar las realidades.





