Pablo Guallar y el desafío de narrar en pantalla grande.
Había una vez un chico que creció lleno de recuerdos, tantos que se convirtió en cineasta para no olvidarlos; la casa de la infancia, las calles de Villa Sarmiento, los amigos. Imágenes agolpándose en un escenario de barrio mientras las horas pasaban jugando al fútbol, hablando de fútbol, defendiendo al club de sus amores, Racing, de los embistes de los amigos; Pablo Guallar quería ser futbolista, era la promesa de la familia, pero los años hicieron que su historia la escribiera no desde el césped sino desde una pantalla.
“Nos juntábamos en la Plaza Alsina. Trepábamos a árboles y conversábamos y observábamos ese mundo que se abría ante nuestros ojos con cierta extrañeza. De chico me interesé por la literatura; recuerdo que a los 10 años ya leía casi obsesivamente todo lo que me recomendaba mi hermano Ariel (Tolkien, Herman Hesse, Julio Cortázar, etc.) quien es mi espacio de reflexión; me formé mucho a partir de las recomendaciones que me iba pasando tanto literarias como cinematográficas. Es hasta el día de hoy que confío en él para seguir escribiendo y produciendo”, desliza y agrega que la adolescencia transcurrió entre la Avenida Gaona, sus bares, las calles de Morón, los talleres literarios, la escritura de sus primeros cuentos y poesías, y el visionado de las películas que lo iban a cambiar por siempre.
“Estudié en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA la carrera de Artes combinadas, es una carrera muy teórica; complementé la parte práctica de manera autodidáctica y aprendiendo a medida que iba filmando con mis amigos.”
“En el 2006 hice mi primera película, Random, escribí el guion en una noche, fue una experiencia frenética. El 2007 fue un año bisagra en mi vida porque me compré mi primera cámara, un instrumento clave para encontrar mi estilo, ver qué era lo que podía aportar desde mi lugar; toda la formación, lo que había leído sobre las vanguardias, sobre historia es muy importante pero tenía que encontrarme con mi cine”, explica. A partir de un viaje por el norte argentino nació Curanderos. “Me siento orgulloso de ese corto en el cual no hay influencias mías, soy un observador. Estaba haciendo dedo y me levantó una pareja de curanderos en un auto destartalado y comencé a viajar con ellos y a filmar todo lo que sucedía.”
El 2008 lo encontró haciendo su primer largometraje Vía muerta, el epicentro de la acción es la vía muerta de la Avenida Gaona.
“En el 2009 la presento en el teatro de Morón, fue un momento épico en mi vida, como llegar al lugar más grande del mundo”, asegura.
“En el verano del 2009, antes de estrenar Vía muerta en agosto, salgo a hacer Moctezuma. Trabajé todo el verano y con la plata que junté fuimos con el protagonista de Vía muerta a Bolivia. Fue súper experimental porque el guion se escribió durante el viaje, muy impredecible, dependía a quien conocíamos y a qué lugar íbamos; además, filmábamos con una cámara de fotos.»
Si esto no es cultural al hombro, ¿qué es entonces?
En el 2011, el fallecimiento de su padre hace que pare la pelota. Es en ese momento cuando se dedica al montaje de Morón City Blues, filmada en septiembre de 2009.
“Tardé 5 años en finalizarla. Tuvo que ver con mi parate, reflexionar y salir de ese modo desaforado que venía teniendo. Comencé a probar otros modos de producción. Fue la primera obra que edité con otro montajista, llegué laburar con el editor de El secreto de sus ojos, de quien aprendí mucho.”
Con su último trabajo, Pablo viene cosechando todo lo sembrado.
“Después del estreno en el teatro de Morón, dejé que fluyera y entre una proyección y la otra, llegó a manos de los programadores del Festival de Cine Inusual. Me pidieron una copia y la proyectaron en el Gaumont. Se empezaron a abrir puertas. Tuvimos premio para la actriz, una mención para mí. Después participé de Ventana Sur, el evento del mercado de cine latinoamericano más importante con sede en la UCA y en Cannes. Hay cosas que todavía no entiendo. Es la parte más industrial del cine y es la que más que cuesta.”
El presupuesto es el tema central en el cine, el arte que reúne a las demás artes.
“Se puede hacer sin dinero pero se pone el cuerpo. Sigo haciendo cine sin un peso. Requiere inversión porque todos los equipos son caros, la labor de la gente que te ayuda es un presupuesto aparte, la postproducción es carísima, la distribución también… son miles de etapas. Ahora que estoy entendiendo las capas del cine industrial me digo que fue una locura todo lo que hice pero de todas maneras sigo filmando así… Veo las películas que cuentan con un presupuesto increíble y se llaman cine independiente, me pregunto entonces nosotros qué somos.”
La sustentabilidad económica se la da su trabajo de profesor de arte en secundarias y los talleres de cine que dicta en La Matanza.
“En estos momentos estoy trabajando con un equipo de investigadores en un documental histórico que narra la influencia de la ciudad de Morón en los orígenes del blues. Es una historia que procede de 1857, de unos inmigrantes africanos que llegaron a Morón y trabajaron en la construcción del tendido de vías del Ferrocarril del Oeste; es una historia que ha tratado de ser ‘silenciada’. Toda nuestra vida pensamos que el blues era un género musical creado en Estados Unidos, mediante esta investigación vamos a poder refutar esta teoría cristalizada y demostrar que el blues efectivamente nació en Morón”, adelanta Pablo orgulloso de su trabajo.
“Crecer en el Oeste me hizo ser la persona que soy, tener los amigos que tengo. Es y será mi lugar en el mundo. Creo que la influencia del conurbano se manifiesta en el interés por las historias locales, por sus personajes, por los ‘marginados’ que se mueven por fuera de la esfera de lo ‘visible’. Hacer visible lo invisible o lo invisibilizado es una de las difíciles tareas del cineasta”, resume Pablo.
Una tarde de otoño, las hojas desprendiéndose en lento vuelo del hilo invisible que las sujeta al árbol, lo que soñamos ser, lo que somos: narradores del tiempo que nos toca vivir. A través de las palabras, de la música, de las imágenes, el tiempo dentro del tiempo convirtiéndose en memoria.
Morón en Francia, orgullo de todos
Morón City Blues va a participar de la nueva edición del Marché du Film (Festival de Cannes) a realizarse del 13 al 22 de mayo de 2015.
Desde 1959, este importante mercado se convirtió en el evento internacional que es hoy. El mismo está concebido, organizado y planificado en torno a un objetivo: impulsar la difusión de una amplia oferta de material cinematográfico.
por Noelia Venier





