La increíble apuesta de la Farmacia Gutkind: el robot BD Rowa Vmax

La Farmacia Gutkind instaló el primer robot de inteligencia artificial, traído de Alemania, con la finalidad de ordenar el funcionamiento y mejorar la calidad en el servicio de atención al cliente.

La incorporación de lo último en tecnología, a nivel mundial, en robótica para farmacia es un sistema alemán de ordenamiento caótico de todos los medicamentos a través del uso de la inteligencia artificial: el robot BD Rowa Vmax.

Uno de ellos está en Del Viso, en la Farmacia Gutkind.

“Una vez que el personal valida las recetas y emite el pedido de extracción del medicamento, el robot se encarga de entregar por seis bocas distintas, que están distribuidas en toda la línea de cajas cercanas a cada puesto de trabajo, el producto. De esta manera la atención al público es mucho más dinámica ya que la búsqueda del medicamento es más rápida y sin errores. Si antes podía haber un error por uno mal guardado o porque uno se equivocó de hilera y al llegar al mostrador te dabas cuenta, por ejemplo, que el gramaje era otro, tenías que volver y cambiarlo. Con esto pedís tal cosa y tal cosa te llega”, cuenta con alegría Eduardo Gutkind, hijo de los fundadores de la tradicional farmacia delvisense y actual responsable de la firma.

Sus padres llegaron a Del Viso el 7 de febrero del año 58, Juanita e Isaac, este último de profesión farmacéutico y bioquímico, ambos fueron pioneros en el comercio local y dejaron un legado de innovación en sus más de sesenta años de historia. Desde la utilización de las palomas mensajeras, para enviar el pedido a las droguerías allá por los años sesenta, hasta la robótica, siempre apostando a Del Viso.

“Por el año 58, 59, trabajábamos con una droguería de Hurlingham cuya forma de comunicación era a través de palomas mensajeras, todos los días se ponía el pedido en la patita de la paloma y al día siguiente mi papá lo iba a buscar a la Ruta 8 y Jiménez, en la parada conocida como la botella”, cuenta el vecino mientras su hijo, Uriel, escucha con atención.

–Contale la historia de los sapos, que era para hacer los test de embarazos–invita el joven.

–Mi padre, bioquímico, tenía un sapario y hacía lo que se conoce como Reacción de Galli Mainini, que consistía en inyectarle en un determinado lugar a un sapo macho orina de presuntas mujeres embarazadas y al término de 24 horas, si el animal empezaba a generar una híperproducción de espermatozoides, quería decir que la mujer, efectivamente, estaba embarazada.

–La mandaban a la abuela con un frasco en el colectivo a buscar los sapos a San Miguel–se suma Uriel al relato.

–¿Cómo nace la idea de instalar un robot?

–Eduardo lo había visto una vez y le quedó dando vueltas en la cabeza, la historia es más larga pero en resumidas cuentas fue así, hasta que un día dijo: “Vamos a ver qué onda”–dice el joven, orgulloso de su padre.

“Fuimos a una farmacia en el Centro, me acuerdo que estaba en la zona de Recoleta, un local muy chiquitito que tiene el robot en el primer piso. El dueño nos esperó y muy amablemente nos dejó verlo. Y la verdad que nos encantó”.

 A partir de ese momento se pusieron en campaña para conseguirlo. Averiguaron cómo eran los pagos, los tiempos, qué facilidades y dificultades había para traerlo. Hasta que se concretó la idea.

“Esperamos unos meses y el robot llegó de Alemania en un contenedor, ahí pasamos cuarenta días de estrés para descargarlo ya que estaba distribuido en un montón de pallets, después tuvimos que esperar a que venga el equipo que lo armó, diez días más quedándonos hasta las 4 de la mañana cargando cajita por cajita, vencimiento por vencimiento, los medicamentos. Y ahora ver el sueño cumplido y cómo funciona es extraordinario”, cuenta Uriel mientras Eduardo sonríe.

A nivel país, este robot es el número 28 que se puso en marcha en Argentina, “y el primer modelo de este tipo en la Provincia de Buenos Aires. Y está en Del Viso”, comparten al final de la charla mientras observen en acción al robot.

Como no podía faltar, padre e hijo nombran a Juanita, que el día de la entrevista no se encontraba.

“Ella pasó por todas las etapas, las palomas mensajeras, los sapos, antes del teléfono los pedidos por radio (Isaac era radioaficionado), después llegaría el fax y más acá internet. Ahora que pueda ser testigo de este aparato es impresionante”.

Una historia Apogeo, de esas que nos encanta compartir con la comunidad. Para esto estamos en Del viso. Felicitaciones a la familia Gutkind y a seguir creciendo.

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