La última esperanza del ciudadano: la justicia

Todos sabemos que en una República funcionan tres poderes: Ejecutivo (Presidente, Vice, Ministros, Secretarios de Estado), Legislativo (Cámara de Senadores y Diputados) y Judicial (los jueces). Los más lejanos en la vida diaria para cualquier ciudadano son el Ejecutivo y el Legislativo. ¿Quién habló alguna vez con un Presidente o un Ministro por un tema particular?

Para reclamar por sus derechos, para exigir justicia, el juez es el poder más a mano y muy necesario y, además, se puede hablar con él. Si la justicia no actúa, si tarda demasiado, si es costosa, el ciudadano se siente abandonado.

No me refiero a los jueces federales que son mencionados profusamente por la televisión y los periódicos. Esos jueces tienen a su cargo causas muy complicadas, causas donde la política es la reina, donde el derecho está supeditado a una gran cantidad de variables que nada tienen que ver con hacer justicia.

La última esperanza del ciudadano será el juez que atenderá un reclamo por alimentos, por una indemnización laboral, por un accidente automovilístico, por un divorcio, por la tenencia de un hijo, por la violencia familiar, por el abuso de alguna autoridad, por la denuncia de un delito, por el reclamo de un servicio mal prestado, por el desalojo de un inmueble, etc., etc., etc.

Si la justicia no funciona, lo demás no tiene ninguna importancia. Es cierto que la justicia tiene mala prensa… Sin embargo, en mi profesión de todos los días conozco a jueces y juezas honestos, trabajadores, que tratan por todos los medios de solucionar los innumerables problemas que le plantean a diario las personas.

Alguien que alguna vez haya concurrido a un juzgado vio la cantidad de expedientes que se encuentran en los armarios, apilados sobre mesas y sillas, en el piso. Atrás de cada uno hay personas que reclaman algo. El juez hace lo que puede con los medios con que cuenta y que le suministra los otros dos poderes.

Es muy común ver por televisión cómo personas que no tienen la menor idea de derecho, que no saben las pruebas que el juez o el fiscal han recolectado, que no conocen infinidad de detalles que pueden condenar o absolver a una persona, opinan y hasta dictan “sentencia”. Tienen el poder de los medios y necesitan sumar rating y no vacilan en acusar o, directamente, condenar a una persona que no tiene ese mismo poder para defenderse. Y, lo tremendo, es que el público les cree.

Los jueces están para estudiar el caso en detalle, para ver las pruebas que se arrimaron en el expediente, para interrogar a quienes ellos consideren necesario y, luego, dictar sentencia que no será definitiva porque hay escalones que superar que se llaman apelaciones. Por eso la gente se confunde, porque reemplaza al juez por un personaje televisivo.

¿Alguna vez, por ejemplo, se han detenido a estudiar concienzudamente todo lo que se ha dicho del caso Nisman o del Mangeri? Y cuando un juez no condena a la persona que ya fue condenada en la televisión, la gente cree que la justicia es corrupta. Los tres poderes son muy importantes.

Los tres poderes son la base de funcionamiento de una República. Pero por más que se dicten leyes o se gobierne un país si la justicia no funciona, estamos perdidos.

por Andrés Rosso, Abogado

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