Por Victor Koprivsek
Cuando el camino se angosta en el cielo tuyo y se hace noche el dolor de tanto que se pierde, te salvan las voces cercanas que alientan tu sendero y te abrazan aladas las fuerzas que se brindan.
Nada ayuda al consuelo más que sentirse acompañado. Beatriz Novaro es una querida autora local de Pilar, en su recorrido de libros ha compartido varios. A veces, abrimos los brazos y se reparte el alma.
Damián Dolera, uno de sus hijos, ha caminado cerca. Ilustrador genuino, diseñador de oficio, padre de tres hijos y hermano querido. Anduvo luchándole a la vida después de que le dijeran que su hora estaba con los días contados.
Por eso, tal vez, a cada paso el hombre anduvo sembrando para después y en la ribera del sueño colmó de decoros el viaje. Con trazo firme anduvo su mano en la hoja, potenciando los relieves del tiempo y la familia.
Las aventuras de Maculaxer y su amigo Manzanario fue el libro que diseño junto a su madre.
Él hizo los dibujos, ellas las palabras. La historia contada arrima infancia, describe al barrio en la siesta cuando se llenaba de piberío la ronda de la amistad y se trepaban árboles para encontrar la risa.
Por eso, en esta hora difícil, ahora que la despedida se hace tristeza en el adiós, bueno es recordar los momentos felices ganados al olvido. Bueno es abrazar el perfume de la mesa larga, rodeada de hermanas y sobrinos y de madre y sueños, de viajes y corajes.
Cuando el sol sorprende a la noche en un nuevo amanecer se libera el canto de las aves libres y en un nuevo despertar se escucha el trino arrebatado a la oscura sombra.
Es un alero el tomar la mano de quien se queda, para amarnos más fuerte, para saber que no se está solo en las difíciles.
Dios recibe a aquel que tanto ha luchado por ganarle tiempo al amor.
Por eso, querido Damián, tú que eres Maculaxer, que eres pájaro, que eres nido, vuela alto sin detener tu pluma. Vuela alto que la estrella sigue intacta.
Sabés bien que en el trazo de una línea modesta se dibuja un mundo al pie de la familia.
Mejor que nadie sabías que cada día de vida era un triunfo mayor, la conquista de un reino, la oportunidad de un nuevo dibujo arrebatado a la muerte.






