Luna Roja y la risa como terapia

El grupo de clown que se formó allá por el 2010 y su imparable marcha hacia la carcajada y la liberación de impulsos.

Mejor es reír que llorar. A carcajadas que exploten en burbujas multicolores y sutiles como las pompas de jabón. Llorar de risa hasta que broten lágrimas de los ojos. Porque hace bien al alma y porque los que ríen se arrugarán más pero también mayor es el disfrute de la vida. Bien saben de esto los chicos de Luna Roja. Ellos son Antonella Rocchi, Aníbal Montero, Gimena García, Emilce Pérez, Violeta Gros y Rodrigo Valdéz. El grupo se formó hace cinco años en el Taller de Clown dictado por Carla Pollacchi y Georgina Nacif, con sede en el centro cultural “La Casa del Poeta” ubicado en la localidad de Morón.
Afuera, el cielo se deshace en lluvia sobre la Plaza San Martín. En el bar en el que nos juntamos con Antonella y Aníbal, el mate es el amparo de la charla.

“A raíz de una improvisación, de un ejercicio, surge nuestra obra Un tren a Toay. Antes hicimos la muestra anual y Cinco sillas varieté, así arrancamos”, Antonella recuerda que aunque al principio tuvieron que resolver reemplazos y reacomodarse, muy pronto la obra estuvo en marcha.
“Lo que sucede es que no es como una obra de teatro convencional en donde el actor se estudia el guión y sale a la cancha”, explica Aníbal, “funciona mucho el tema de los vínculos entre los payasos. Al ser un proceso de creación colectiva lo que dice un personaje es porque le surgió improvisando y a partir de los vínculos, por eso tiene que haber un proceso de acomodación y no sólo repetir la letra.”
“En el teatro, se respeta la letra y la personalidad del personaje. El clown es un actor pero tiene mucho de espontaneidad, de lo que le está pasando en ese momento”, aporta Antonella.

Los chicos cuentan que una de las mayores diferencias entre un personaje de teatro y un payaso es que el primero es dado por un dramaturgo, con la lectura que tiene el director sobre ese personaje, después obviamente eso lo trabaja, lo interpreta el actor. El clown trabaja con material propio, su personaje no es impuesto.
En su caso, Un tren a Toay es una creación colectiva, no es una obra o una adaptación. Se fue ensayando como fue saliendo, con la intervención de los directores por supuesto.

“Ser clown tiene mucho que ver con cómo estás. Siempre tratamos de estar en contacto con el público, hacer distintos tipos de intervenciones porque el clown todo el tiempo se nutre de la gente”, reflexiona Aníbal.

Aníbal empezó a estudiar clown como complemento, como una herramienta más para el teatro.

“Después me apasionó”, confiesa, “y dije ‘es esto’ y no lo solté más. Ahora me quiero dedicar cien por ciento. Hice 10 años teatro y nunca dije ‘quiero dejar mi laburo’. Con clown me pasa.”

Antonella, por su parte, siempre hizo teatro pero desde que comenzó las clases de clown, se perfeccionó más y más como payaso.
– ¿Como es la reacción de la gente?
– El otro día estábamos en la calle, en una intervención que hicimos con los chicos de Sonrisas Solidarias (ver debajo), y sentí ganas de correr y corrí… entonces me senté al lado de una parejita y les comenté de la actividad benéfica. Y obviamente se asustaron, ¡éramos como diez los que estábamos corriendo vestidos de payasos! El clown, para estar vivo, necesita del impulso. El trabajo más difícil es registrarlo. En la vida cotidiana capaz ni lo notamos, no nos hacemos cargo del proceso, no somos conscientes. Los impulsos ni siquiera llegan a ser idea. El payaso, a través del entrenamiento y desarrollándolos de a poco, puede ir encontrándolos, hacerse cargo y llevarlos a cabo. Da una impunidad linda poder hacerlo – cuenta Aníbal.
– Eso es ser clown. No reprimirse. No tener miedo de la reacción del otro. Todo el tiempo estamos con barreras limitándonos, la nariz del payaso sería como la máscara – dice Anto –. El otro día, observé cómo los nenes nos miraban, se acercaban al juego, espontáneamente. Tenés otra llegada al público. Es exponer todo al máximo, lo que te sale en ese momento, poder decirlo sin reprimir. Esto es lo terapéutico. Me sirvió como una terapia reírme de mi misma, conocerme.
Un tren a Toay, un viaje de clowns que no sólo surca las vías, sino también el cielo, el agua, la tierra, el pasado, el presente y el futuro. Enteráte de las funciones en el Facebook Luna Roja Clown.

El pasado domingo 26 de julio, Luna Roja y Sonrisas Solidarias se unieron para juntar juguetes para para el Día del Niño.
El pasado domingo 26 de julio, Luna Roja y Sonrisas Solidarias se unieron para juntar juguetes para para el Día del Niño.

“Sonrisas Solidarias nos convocó para una movida solidaria para dos comedores infantiles, Divino Niño Jesús y Sol y Luna. Nos hicimos presentes, ayudamos a difundir, estuvimos con la gente. Elegimos la Plaza del Vagón”, nos cuenta Antonella.
“Salimos desde la sede de Sonrisas, caminamos por Mitre y después por Arias hasta la Plaza Cumelén. Repartimos globos, caramelos, juegos, les dimos el proyecto a los adultos. La idea es que la gente se acerque a la sede (Mitre 2115, timbre blanco) con el juguete los martes y miércoles de 18 a 20 hs. y los sábados de 10 a 12 hs”, agrega Aníbal.
“Fuimos el nexo para interactuar con los vecinos, para convocarlos desde otro lugar”, resume Antonella.

Los que quieran acercarse a donar, pueden hacerlo hasta el 15 de agosto… y después ¡también!

por Noelia Venier

 

 

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