Nada puede matar al Teatro Nacional

por Lic. Natalia Gualtieri

Un treinta de noviembre de 1783, gracias al virrey Juan José de Vértiz y Francisco Velarde, se inauguraba en Buenos Aires una Casa de Comedias provisoria en la esquina de las actuales Perú y Alsina. Aquella parte de la ciudad se componía de “ranchos”, edificación característica de las misiones jesuíticas. Tomando por nombre “La Ranchería”, el galpón de ladrillos y techo de paja, ostentaba en la parte superior de la boca del escenario, la leyenda: “Es la comedia espejo de la vida”.

A mediados de 1792, un cohete, disparado desde una iglesia que festejaba celebraciones patronales, cayó desafortunadamente sobre el techo, destruyendo absolutamente el galpón, pero no terminó con el Teatro Nacional, que comenzaba a encontrar por aquellos tiempos sus orígenes e identidad propia, alejándose de la conquista europeizante.

Muchos sucesos han pasado desde entonces, que no sólo incluyen éxitos, risas, tragedias y comedias que invitan a reflexionar, figuras emblemáticas como Los Podestá o encuentros con estéticas de acento renovado como el grotesco criollo de Armando Discépolo. También hubo censuras, exilios, nuevos incendios, pérdidas. Pero nada detuvo nunca definitivamente la fuerza de esa gente dispuesta por naturaleza a cambiar la realidad, aunque sea por instantes, a través del juego del arte y defender lo suyo: su ideología e idiosincrasia.

En medio de tanto, y con fines de romper con “lo establecido”, de acercarse a la gente, de poner en jaque ciertas cuestiones y de experimentar nuevas formas de abordar el teatro como factor de cambio social y motor de resistencia, surge el teatro independiente desde noviembre de 1930 con el Teatro del Pueblo (primero de América Latina) y su fundador Leónidas Barletta. En ese marco se destacaron figuras descollantes de las letras como Roberto Arlt.

Un treinta de noviembre, pero más de doscientos años después de aquella Ranchería, y noventa del inicio de las compañías que apuestan al quehacer artístico no empresarial, en Pilar, ciudad de la provincia de Buenos Aires, se alza la voz de los artistas locales para “ponerle el cuerpo a la pandemia”, para recordar de forma activa que el teatro está más vivo que nunca y hacerle llegar a la gente a sus hogares por medio del streaming que impone la nueva realidad, las palabras e imágenes de los autores citados y otros contemporáneos. 

En una velada maravillosa, transmitida desde las veinte horas en vivo desde el Teatro Municipal de Pilar rebautizado Ángel Alonso para darle la firma local adeudada tantos años, desde la sala que lleva el nombre del recordado padre de todos los artistas pilarenses Jorge “Titi” Villar, se presentaron diez monólogos variados en temáticas y estilos. El objetivo se cumplió: el público agradeció volver a participar de la fiesta en comunidad que implica el hecho teatral, y los artistas festejaron volver a encontrarse y construir juntos una noche con sello pilarense que promete continuidad y ofrece resistencia ante la difícil situación pandémica mundial.

Luego de la apertura a cargo del Subsecretario de Cultura de Pilar Juan Manuel Morales y el Director del Teatro Ángel Alonso, el destacado actor y director Hernán Deluca, con la locución del periodista Augusto Fernández Díaz, dijeron presente las más emblemáticas figuras locales:

Grupo Quijotes Teatro: Fragmento de la obra “Babilonia”, de Armando Discépolo. /Actor: Fernando Rodríguez / Dirección: Guillermo Romani.

Grupo Corre la Voz Teatro: Fragmento de la obra “Paisaje después de la batalla”, de Ariel Barchilon / Actor: Martin Benítez Machado/Dirección: Fabricio Villagra.

Grupo Aquí y Ahora Teatro: Monólogo “Alzada”, de Valeria Guasone / Actriz: Candy Taborda / Dirección: Vanesa Caldara.

Grupo La Teatralera: Fragmento de la obra “Traidores, historia de un tratado” / Actor: Guillermo Romani / Dramaturgia y dirección: Cecilia Cataldo.

Taller de Teatro de Cultura Pilar: Fragmento de la obra “Las de Barranco”, de Gregorio De Laferrere / Actriz: Romina Bolis /Dirección: Macarena Aguirre y Carolina Maidana.

Grupo SoniaArte & Compañía: Monólogo “Alas”, de Alberto Ghiraldo / Actriz: Jorgelina Fares /Dirección: Sonia Sidoti.

Grupo Rozza Orzuzza: Monólogo “Silla en la vereda”, de Roberto Arlt / Actor: Horacio Dann /Dirección: Hernán Deluca.

 Grupo Cyranos: Monólogo “La boca amordazada”, de Patricia Zangaro. / Actriz: Malena Reynoso /Dirección: Fernando Felker.

Grupo Comedia del Pilar: Monólogo “La tragedia del hombre que busca empleo”, de Roberto Arlt / Actor: Nicolás Kasvin /Dirección Martín Simeoni.

Desde el Taller de Dramaturgia de Cultura Pilar: Monólogo “La delgada línea entre ayer y mañana”, de Natalia Gualtieri / Actriz: Flora Casale / Dramaturgia y Dirección: Natalia Gualtieri.

Este último monólogo, escrito por mí durante la pandemia, habla de los deseos de libertad y la realización del amor, las metas, los sueños interrumpidos por este presente inimaginado; la necesidad del contacto físico, las limitaciones de una comunicación “entre pantallas y aparatos” que parecen dominarnos y nos llenan de temor a percibir que quizá la sociedad va camino al mayor punto de deshumanización posible. Algo tan ínfimo e invisible como un virus cuyo origen desconocido da lugar a sospechas de todo tipo, pudo hacer realidad de la peor manera la famosa frase “Paren el mundo me quiero bajar”. Pero, afortunadamente, y menos en un país resiliente como el nuestro, nadie se baja y le damos pelea: ensayamos por video llamada, nos organizamos para respetar protocolos y cuidarnos mutuamente. Nos “adaptamos a la nueva normalidad” sabiendo que algún día recuperaremos lo mejor de lo perdido y conservaremos lo mejor de lo sufrido para avanzar.

Y, retomando el lema de aquella Ranchería, “Es la comedia espejo de la vida”, los artistas pilarenses pusimos el cuerpo para el Arte, y el Arte para gritar que estamos vivos.   

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