Piedra libre a los abuelitos torturadores

Dijo Borges: “Sólo una cosa no hay. Es el olvido. Dios que salva el metal, salva la escoria y cifra en Su profética memoria las lunas que serán y las que han sido”.
Y es por la fuerza de la memoria que la verdad, como una perla escondida en una ostra mortal, finalmente y tímidamente llega después de interminables días con sus noches.
El pasado 16 de julio el Tribunal Oral Federal Nº 5 de San Martín condenó a tres ex miembros de la Fuerza Aérea y cinco ex policías bonaerenses en el juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico-militar en el circuito Mansión Seré y zona Oeste.
La pena máxima fue para el ex brigadier Miguel Ángel Osses, sentenciado a prisión perpetua. Se le adjudicó un rosario de delitos: ser coautor de dos o más homicidios agravados, de abuso sexual con acceso carnal agravado por el uso de fuerza e intimidación en cinco casos y de abuso deshonesto por otros cuatro. También privación ilegal de la libertad agravada por el uso de violencia y amenazas contra 44 personas y doblemente agravada porque permanecieron secuestradas más de un mes en 51 casos, y los tormentos agravados por ser las víctimas perseguidos políticos. Sentado en el banquillo, parecía un abuelito indefenso…
Cinco acusados fueron condenados a 25 años, uno a 12 y otro a 9 años de cárcel. El tribunal incluyó también los delitos sexuales. Es la primera vez que se dicta sentencia sobre el rol institucional de la Fuerza Aérea en el terrorismo de Estado.
Mezcla de felicidad, lágrimas, angustia. Hay un abrazo que no va a llegar aunque la justicia se expida. El del compañero, la compañera… hay una caricia desaparecida. Hubo gritos y patadas sobre el piso de baldosas frías, olor nauseabundo y ojos vendados. Adentro, entre las cuatro paredes negras del recinto.
Mientras tanto, a lo lejos, se oyeron sirenas solitarias inundando el silencio con ruido a vida; porque afuera había vida, llovizna mojando el pasto de las plazas, y olor a primavera, y Navidades, y goles.
¿Cómo llenar el vacío de tanta ausencia obligada? Acaso, sean los espacios de memoria y vida a donde los jóvenes puedan acercarse a recordar que hubo pero ya no más, nunca…
“Ya todo está. Los miles de reflejos que entre los dos crepúsculos del día tu rostro fue dejando en los espejos y los que irá dejando todavía. Y todo es una parte del diverso cristal de esa memoria, el universo; no tienen fin sus arduos corredores y las puertas se cierra a tu paso; sólo del otro lado del ocaso…”, finaliza el poeta, y se hacen palabras las luchas infatigables de los miles que no se dejan vencer por las hordas de los miserables que escondidos detrás de rostros arrugados y macilentos quieren pasar desapercibidos. ¡Piedra libre! A donde estén, los iremos a buscar.

por Noelia Venier y Víctor Hugo Koprivsek

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