Cuando la defensa de la tierra es prioridad.
Las redes sociales, específicamente Facebook, tienen algo que debemos reconocer como positivo: la posibilidad de enterarnos y conocer las actividades que se realizan a veces en lugares tan cerca como nuestro barrio o en lugares tan alejados como otras partes del mundo. En este caso, gracias a los vericuetos virtuales, conocimos a un grupo de personas de Isidro Casanova que tienen un proyecto de esos que nos gustan tanto a nosotros, o sea a los que hacemos El Apogeo.
A través del intercambio de conceptos, información y experiencias, y la difícil tarea de ponerlos en práctica, los amigos de Semillas al viento intentan cuidar y mejorar el suelo, el agua, la fauna y la flora del espacio en donde viven. ¿Cómo lo hacen? Reutilizando recursos en un espacio natural, sembrando y cosechando de forma natural sus propios alimentos, compartiendo talleres, charlas, visitas guiadas, ferias y festivales.
“Semillas al viento está conformado por un grupo heterogéneo y dinámico de personas. Algunas se quedan algunos años participando y otros se van esparciendo por el viento. En la actualidad participan algunos vecinos, docentes, artistas, profes de yoga, un apicultor y en sí las diferentes personas que se van acercando a participar de las diferentes actividades y propuestas por el espacio”, cuenta Juan Pablo Nigrele, uno de sus integrantes.
– ¿Cuánto hace que formaron Semillas al viento? ¿Qué tipo de organización es?
– El espacio en sí se comenzó a gestar por el ‘97 con la conformación de la ONG denominada Movimiento Ecológico de Isidro Casanova, que sin un lugar físico ya realizaba actividades de defensa y promoción del medio ambiente y la cultura por el barrio. Luego se materializó allá por el año 2004 con la entrega en comodato del predio por parte de la Asociación Vecinal 8 de Julio. En la actualidad seguimos funcionando como ONG.
– ¿Por qué se formó? ¿Cuál es el objetivo que persiguen?
– El objetivo que llevó a sus fundadores fue el de proponer una forma de vida diferente, con mayor armonía con el medio ambiente y con relaciones sociales y económicas más justas y cooperativas.
En este período de 10 años, han logrado reforestar parcialmente el predio, mejorar la calidad del suelo, aumentar la diversidad de especies autóctonas, construir un estanque pampeano, espacios de huertas, cocina natural y quinchos para el dictado de diversos talleres, charlas, ferias y festivales. Se ha experimentado además en construcciones bioenergéticas (Pirámide) y ancestrales (Temascal).
Los integrantes de Semillas al viento intentan minimizar la utilización de materiales y energía para los proyectos, disminuyendo así los costos y la generación de residuos.
“Promovemos, además, la reutilización de materiales y el uso de energías renovables. Para el resto de los materiales, energía, honorarios, etc., que necesitamos adquirir de forma externa, intentamos utilizar recursos generados por el propio espacio a través de ferias, talleres, charlas y los aportes propios de las cuotas de socios y las colaboraciones voluntarias de la comunidad, como lo es el presente bono contribución. Actualmente no contamos con subsidios u otros aportes de entidades estatales, partidarias, privadas o sindicales.”
Actualmente, se realizan actividades y talleres de huerta natural, teatro, apicultura y construcción natural, o actividades puntuales que se van proponiendo como yoga, meditación, talleres culturales, ferias de consumo responsable, charlas de alimentación saludable, entre otras.
“Este año específicamente estamos invitando al público en general a sumarse con tareas voluntarias de aprendizaje en huerta orgánica y construcción natural. Estas actividades se realizan por lo general los días sábados de 9 a 12hs. También los invitamos a participar de las clases de teatro el mismo día de 12 a 13hs”, proponen desde el espacio.
Cooperación, espiritualidad, cuidado y mejoramiento del medio ambiente, construcción natural, soberanía alimentaria, integración cultural, comercio justo; son los ejes sobre los que trabaja Semillas al viento, algo así como una vuelta a la tierra, a lo indispensable para nuestra vida y su comunión con el planeta que hemos venido a habitar.
por Noelia Venier






