
Dicen que tres hombres mirando el motor de un auto con el capot levantado durante horas es índice de muchas cosas. Hay quien dice que alinea los chacras y pacifica el alma masculina. Otras personas, las más osadas, aseguran que se trata de un escape, una huida cercana al tiempo en la casa. Lo cierto es que, en este caso, Diego Medina, Fido y Tati López realmente estaban intentando arreglar unos inyectores que comprometían el buen andar de la máquina.





